CUENTO DE VERANO O EL GENIO QUE LLEVAMOS DENTRO

En realidad, desde la infancia, todo se reduce a la mayor o menor posibilidad de ser escuchados. ¿Permitimos a los niños que expresen sus dificultades o preocupaciones?¿Permitimos que desarrollen aquello con lo que disfrutan? ¿Observamos sus juegos para reconocer sus aptitudes? Y sobre todo, ¿estamos dispuestos a potenciar sus habilidades o las ignoramos o despreciamos, si no son acordes a nuestras expectativas?

La historia de refuerzos positivos o negativos al respecto va a ser importante a la hora de moldear la personalidad del niño. El temperamento y la predisposición a ciertas materias van a estar siempre presentes, pero el logro y el éxito de los niños en el futuro va a depender del entorno de aceptación o rechazo en el que se mueva su educación y cultura. Posiblemente millones de personas acaben sus días sin haber desarrollado los talentos que trajeron de herencia para aportar a los demás. O tal vez, podemos empezar a poner remedio a esta situación cambiando los principios del sistema de comunicación imperantes en nuestra sociedad.

Este cuento recoge una historia, en parte real y en parte imaginaria, pues ¿acaso puedes sentir la nieve en la cara en pleno verano? ¿O ver el futuro de un niño en el juego de hoy? Sin más preámbulos, juzguen ustedes, cuando caiga el telón.

CHARLIE, A ESCENA

ACTO PRIMERO

(Londres, 1896)

CHARLIE. ¿Estás lista, madre? ¿Sí? Recuerda, a mi señal. Eres la jefa. (Charlie arraspea y comienza a hablar, narrando la escena con voz lúgubre) La cavea queda a oscuras. El supuesto público enmudece (abre un imaginario telón, mientras sigue hablando). Las candilejas se encienden y un sonido de tormenta se escucha atronador por el foro (CHARLIE mueve todo su cuerpo imitando al viento y a la nieve en el supuesto escenario). ¡Fishhhhh! ¡Fishhhhhhh! ¡Fishhhhhhhhh! (Se agazapa en el rincón de una esquina sin dejar de hablar). Nuestro caballero siente el frío, pero no tiene miedo. Espera a que la tormenta amaine y atisba a sus captores, que pasan distraídos por su lado sin reparar en él. Durante la siguiente hora, nadie advertirá su ausencia. Se ocultará sigiloso y huirá, escurriéndose entre las huestes sin ser visto, como una sombra del pasado… Nuestro caballero ha logrado salir del castillo. La nieve le azota la cara. Aprieta su capa y confía en que la nevada oculte sus huellas de la vista de los centinelas. Con un extraño sonido de su garganta, ¡chuiic, chuiic!, llama a su caballo, Bohemio, que viene presto hacia su amo (CHARLIE hace ruido de cascos de caballo golpeando el suelo con los nudillos de la mano), y salen despavoridos, como alma que lleva el diablo, lejos de la prisión donde los habían confinado. ¿Qué aventura correrán hoy?… ¿Contra quién tendrán que luchar?… ¿Salvarán alguna ciudad en llamas?… Hoy, es solo uno el pensamiento de nuestro valeroso caballero: debe ir a otro castillo, más oscuro, más oculto, guardado por feroces criaturas y dragones implacables. (Ruge un momento, y luego pone su tono de voz natural) ¡Rápido, madre, haz ruido de fuego con los papeles!

(La madre mueve entre sus dedos las viejas bolas de papel arrugado que el chico le ha traído entre los gastados y descosidos bolsillos de su pantalón).

CHARLIE. Eso es, madre, más fuerte. (Pone de nuevo la voz melodramática). Hoy…, debe ir a ver a su dama, atrapada entre las garras de un hechicero malvado que la guarda entre rejas… Se apea de su caballo, saca su espada, corta las zarzas que le impiden el camino y trepa por las salvajes hiedras hasta la ventana de la más alta torre, donde vive su amor… Ella le está esperando y sonríe (CHARLIE camina hacia su madre)…, le abre la ventana y alarga sus brazos hacia él (CHARLIE hace gestos a la madre para que ésta se levante, y prosigue hablando)... Pero quiere su mala suerte que un enorme dragón lo vea y la llama lanzada por su boca lo alcanza en la capa, que se cubre de llamas. El caballero cae rodando al suelo, gira y gira envuelto en llamas. La dama llora y apaga con sus lágrimas los restos de fuego de la ropa de su amado. Y cuando cree que ha muerto, un hada buena lo toca con su varita y lo convierte en un mimo mágico que vuela hasta ella y se queda para siempre, para hacerla reír con sus travesuras… (CHARLIE se pone un bombín, un bigote y un bastón sin dejar de hablar) Y ahora, querido público, ¡vean y admiren al más grande mimo del mundo! ¡Vamos, madre, la clá!

(La madre aplaude y sonríe feliz. CHARLIE hace una reverencia. Por la puerta de la fría habitación entra una enfermera con cara de asombro).

ENFERMERA LASHLEY: ¡Por todos los demonios! ¿Cómo has entrado tú aquí, diablillo?

MADRE. Es Charlie, mi hijo.

ENFERMERA LASHLEY: Eso no importa. Las visitas al asilo no son hoy. Tu madre está enferma, chico, necesita reposo.

MADRE. Por favor, enfermera Lashley, tiene ocho años. Se ha escapado del orfanato para hacerme una representación; mire el atrezo, en aquella silla hemos colgado las bambali… (La mirada de la madre escruta el vacío; CHARLIE se ha ido).

 

*****

 ACTO SEGUNDO

(Seis años después. La ciudad de Londres prepara la obra teatral Sherlock Holmes, escrita por William Gillete y protagonizada por Harry Arthur Saintsbury. El escenario del music-hall donde se ensaya recibe al siguiente aspirante para el papel de Billy).

DIRECTOR. ¿Cómo te llamas, chico?

CHARLIE. Charlie.

DIRECTOR. El nombre completo, hijo.

CHARLIE. Chaplin, Charles Chaplin.

ENTREVISTA A DIONISIA GARCÍA, POETA Y ESCRITORA

DIONISIA GARCÍA, POETA Y ESCRITORA CON MAYÚSCULAS

  

Entrevistamos a Dionisia García, recientemente galardonada como Murciana del Año 2018, y por la Comunidad Autónoma de Murcia por Servicios Distinguidos el Día de la Región, 9 de junio de 2019.

Cuando frecuentas

los mismos lugares

en los años,

posible no advertir

esa pátina leve

que el tiempo deposita;

pero, ante la mirada

de otros ojos más nuevos,

aquello que veneras

aparece gastado,

lo mismo que tus manos y rostro.

No por eso la vida es menos bella

y las costumbres tienen que ser otras.

El problema es saber acomodarse,

acudir a la cita como aquel primer día

y hasta que llegue el último.

(Poema XXXIII, de Las palabras lo saben, 1993)

 

Dionisia García es ese lugar, donde la costumbre se acomoda y permanece bella, cuando declara aprender de quien escucha. Su declaración resulta tan convincente que una, ilusa, hasta cree por un segundo que puede enseñar algo a Dionisia. ¿Acaso es posible? Es solo cuestión de la mirada, la suya, que hace nuevo lo gastado y mis penas, distintas o de siempre, se desvanecen ante el interrogante de su calma.

E: Cuéntanos, Dionisia, ¿En qué consiste ese galardón por Servicios Distinguidos a la Comunidad autónoma?

D: Bueno, el Presidente me llamó y me preguntó si quería aceptarlo. Yo dije que sí, sin saber muy bien por qué. Dicen que por mi trayectoria poética y literaria, etc, etc., pero yo quiero pensar que es porque siempre me ha gustado recibir a personas jóvenes o no tan jóvenes que les gusta escribir y he pasado mucho tiempo leyendo sus escritos. Me gusta ayudarles. Siento que es indiferente, si el tiempo lo dedico a escritos míos o a escritos de los demás. Al fin y al cabo, creo que es lo mismo. Me gusta impulsar a otros que buscan orientación.

E: En la rápida vida actual, los sistemas de relaciones humanas parecen cambiar constantemente ¿Qué crees que permanece?

D: Yo estoy de acuerdo con el progreso. El problema es que las tecnologías van mucho más rápidas que el desarrollo espiritual y social del ser humano. La tecnología sirve para cosas muy buenas o para lo contrario. Si te acercas a alguien de forma agresiva, la relación va a ir mal. Si te acercas con una sonrisa, puedes entender a la persona y darle lo que necesita.

Por mi edad, noto que, al pasar cerca de la gente y sonríes, te das cuenta de que sonríen y eso es suficiente para sentirte satisfecho. Pasa, especialmente, con las personas en sillas de ruedas que agradecen esa sonrisa y esa mirada.

No quiero ser pesimista, porque este mundo tiene cosas buenas. Hay organizaciones dedicadas a los otros. Lo ideal es darse generosamente sin esperar nada, pero la contraprestación la tienes, aunque no quieras. La lección que hay que aprender en el capitalismo es que se puede renunciar a muchas cosas que no necesitamos. Venimos desnudos al mundo y nos vamos desnudos. Estamos en este mundo por tan poco que no merece la pena luchar por tener tantas cosas.

Recuerdo que fui a Fuente Álamo a hacer un documental y vi a mi hermano Pedro Luis. Murió tres días después. Cuando algo te afecta, te das cuenta de lo poco que valen las cosas.

 

Un día no estaremos en el ser,

en este ser de hoy,

de nosotros y de todas las cosas;

habremos sido aliento,

humo,

rosa,

crespones encendidos,

colores,

carcajada,

agua,

risa,

fuego,

llanto,

chispeante zozobra,

aburrimiento,

cadena,

trance,

alas,

enarmonías,

números,

enseres,

acribadas y mínimas materias,

destierro,

libertad áurea.

Suspendidos de ignoradas atmósferas,

miraremos distantes

esos puntos que fuimos

y quedaron en otros

sin posesión alguna.

 (No estaremos, de El vaho en los espejos, 1976)

 

E: Los seres humanos construimos y destruimos, desde a nosotros mismos, a nuestros semejantes y al entorno, con los ecosistemas que nos rodean. Sin duda, necesitamos hacerlo mejor de lo que lo hemos hecho hasta ahora. ¿Dónde está, según Dionisia, la clave para mejorar?

D: Los gobiernos y los capitalistas pueden hacer que el mundo tenga o no para comer. Las ONGs palían algo, pero hay que hacer un reparto mayor. Veo muy bien los gestos de los millonarios que ayudan a causas nobles. Son gente concienciada con la pobreza y no me parece bien que reciban críticas. Lo importante es que dan a los demás y hacen un bien. Si se desgravan o no, no importa. Lo cierto es que hay que ayudar a los demás. No tenemos más solución. Y desarrollar energías limpias, para cuidar el planeta.

E: Si tuvieras el poder de poner tres cosas y quitar otras tres en el mundo, ¿qué quitarías y qué pondrías?

D: Pondría amor, generosidad y respeto, el no pasar por el otro como si fuera un objeto.  También controlaría el progreso y las redes sociales.

Quitaría la violencia, por todas esas muertes de seres inocentes en muchos países.

Quitaría el racismo o desprecio a las razas diferentes.

E: ¿Y la tercera cosa para quitar? Dionisia calla en busca de respuesta. Al cabo de unos pocos segundos, se vuelve a preguntar:

D: ¿Tú qué quitarías?

E: Y la encuestadora encuestada responde: la mentira, origen de casi todos los males. Dionisia gesticula ampliamente:

D: Oh, sí desde luego. Lo suscribo totalmente. Quitamos la mentira, claro, claro.

E: Y entre acuerdos y risas, es hora de despedirnos, hasta siempre.

¡Muchas Gracias, Dionisia!

¿LIBROS O TABLET?

¿LIBROS O TABLET?

RESUMEN: Fin de curso, tiempo de planificaciones para el siguiente. El debate sobre qué herramienta de estudio emplear con los alumnos queda abierto de nuevo. Unos profesores son partidarios de tablets y otros de libros. ¿Se eliminan los libros de las aulas porque hay que seguir «el ritmo de los tiempos»? ¿Se da la espalda al lenguaje en el que nuestros hijos han nacido? Los profesores discuten y los padres también quieren dar su opinión. La cuestión quizás pase por discutir menos y dar a libros y tablets su tiempo, función y revisión.

Es inteligente adaptarse a los tiempos. También lo es aprender a usar las herramientas que cada época proporciona a sus habitantes. La era de la información está repleta de posibilidades para quien abre su mente al mundo. Los recursos, desde la ventana global, resultan ilimitados. Tal vez, porque siempre lo hayan sido, aunque nos hayan educado en la sensación de la escasez y la autolimitación. Y esa perspectiva no hay más remedio que cambiarla.

La cuestión no es tanto si cambiamos la herramienta, sino si aprendemos el uso positivo de la misma, igual que deberíamos reflexionar sobre el uso que hemos hecho de la anterior.

Un libro es mucho más que una recogida de contenidos en un papel. Cualquier libro representa una puerta a mundos conocidos, desconocidos e ilimitados. Es un amigo que se afianza con el contacto, se transforma con las pasadas y te obliga a ser paciente para poder desgranar todo el mensaje que no alcanzaste en la primera lectura. Los libros de estudio deben ser pocos y con los mensajes claros sobre lo tratado. De escritura impecable, bien estructurados. Las fotos y los colores deben reducirse a la mínima expresión: que sirvan para realzar la idea principal del texto, sean un apoyo, no un distractor. El libro de texto ideal debería conectar materias, no considerarlas cajones estancos separados e inamovibles: las matemáticas hacen referencia a la física, esta a la historia o la filosofía que a su vez conecta con el lenguaje, los idiomas, la ética o las artes. El peso ha de ser ligero y no más de tres libros de texto por curso para, eso sí, estudiarlos y trabajarlos de principio a fin al máximo.

La cuestión es que se ha degenerado la forma y la función de los libros: hay demasiados en número por curso; con materias desconectadas; con exceso de distractores; donde año tras año queda un porcentaje de sus contenidos sin dar, desaprovechando su razón de ser. Pesan una barbaridad, lo cual resulta perjudicial para las espaldas y posturas de nuestros hijos que deben cargar con unas mochilas plomizas cada día.

Ante tales desventajas, el uso de la tecnología ofrece una alternativa de poco peso y mucha información, al alcance de un solo dedo. Sin embargo, las herramientas han de ser complementarias, no sustitutivas. Un libro enseña, además de sus contenidos, a calmar la atención, gracias a su condición de quieto. La mente se abre a la imaginación cuando le permiten la quietud, no ante el continuo movimiento. Un libro es un integrador de sentidos: vista, tacto, olfato. Una Tablet estimula lo visual y ayuda con el sentido auditivo que falta. Juntos favorecen la fijación del aprendizaje y la memoria. Pero no cometamos el error de creer que los niños van a aprender a hacer problemas de matemáticas viendo un vídeo, sin pararse a descifrar el mensaje del enunciado, sin hacer un análisis de información relevante e irrelevante, sin ordenar qué datos me dan y cuáles piden. Para ello, necesitamos tomar contacto con la escritura y la lectura, eliminar los distractores y abrir las asociaciones de nuestra personal imaginación. No perdamos aquello que nos mejora. Simplemente, hagámoslo más eficaz y divertido.

Ejercicios que más activan nuestro cerebro, según RYUTA KAWASHIMA

Leer en voz alta.

Resolver cálculos sencillos rápidos.

Escribir a mano.

EDUQUEMOS EN LA DENUNCIA Y ACABAREMOS TODOS EXPULSADOS

RESUMEN: Educar en convivencia escolar implica el conocimiento de la realidad de ese particular contexto. Nuestros hijos y alumnos están de forma obligatoria conviviendo durante años con muchas personas entre las que pasan gran parte de las horas del día. Procurar un entorno seguro y positivo para ellos tiene más que ver con educar en democracia, objetividad, empatía y compromiso con las buenas acciones, que con listados de faltas, castigos y denuncias que deben quedar para las situaciones más graves e inevitables.

 

TEXTO:

Llevamos el castigo grabado a fuego. En los dos últimos Institutos de Secundaria que visité para explicar en qué consistía la filosofía de la mediación en los colegios, los chicos y chicas adolescentes me respondieron con el mismo escepticismo: “Eso no funciona. Nadie va a querer hablar ni reconocer que ha hecho algo. Hay que castigar. Si no hay castigo, los malos quedan impunes”.

Yo les lanzaba preguntas reflexivas, para ver si, en sus jóvenes mentes, se abría la posibilidad del cambio: «¿Realmente creéis que no sirve de nada que alguien se comprometa a hacer algo bueno por otro alguien de manera que se repare el daño? ¿Creéis que es más útil para la víctima que quien le ha molestado esté tres días fuera del colegio? ¿Le repara verdaderamente eso? ¿Y qué pasa después, cuando vuelve? ¿Qué se ha solucionado?»

Los estudiantes reconocían que no se solucionaba nada después, pero así, al menos, había un castigo. ¿Es eso educación en convivencia? Mi lema de “No buscamos culpables, buscamos soluciones” no pareció calar en sus ánimos ávidos de castigos para “los malos”. Seguimos sin avanzar del esquema del bien y del mal, sin preocuparnos de educar en las circunstancias, la empatía y los compromisos reparadores. ¿Queda todo eso para unos estúpidos idealistas entre los que me incluyo?

Sin embargo, en mis observaciones descubro que los profesores agotan las estrategias y energías buscando a los culpables que, normalmente, no salen a la pregunta de «¿Quién ha sido?» Pregunta inevitablemente seguida de un “si no sale el culpable, todos castigados”, en un no entiendo en qué exitoso recurso de castigar a todos los inocentes para “no fallar”. Pésima educación en el Estado de Derecho, donde se prefiere (o eso dice la ley) que un culpable esté en la calle antes de que haya un inocente en prisión. Ley, por cierto, excluida de la escuela por la fuerza de la costumbre.

Mi experiencia, al contrario de esta costumbre, me demuestra una y otra vez que los niños y jóvenes son capaces de hablar de los hechos cuando se tratan como hechos, no como acusaciones. Que son capaces de reconocer qué han hecho o visto cuando se trata de compartir opiniones, experiencias y datos. Que son capaces de entender la filosofía de la solución dando alternativas de comportamientos y comprometiéndose eficazmente en la resolución de los conflictos y la reparación de las personas.

Tal vez resulte difícil de creer tal realidad, pero os aseguro que los ejemplos son de carne y hueso, no fruto de mi idealista imaginación. Entiendo el escepticismo de mis últimos visitados cuando he leído la noticia de la normativa que se quiere implantar para el 2020 en Madrid. Claro, lo siguiente a «si no sale el culpable, todos castigados» es castigar a quien no dice quién es el culpable. Bonita educación. Aunque, con ese razonamiento, ¿quién, en la vida adulta, no se encuentra a diario con situaciones para denunciar? ¿Quién no ha recibido molestias de otro o ha visto que a otro lo molestaban? ¿Quién no ha visto a padres agrediendo a sus hijos o a hijos agrediendo a sus padres? ¿Quién no ha sabido “desde siempre” que en tal o cual casa de mis vecinos el marido pegaba a la mujer “de vez en cuando”? ¿Quién no ha visto insultos o burlas por la calle?

¿Y quién fue corriendo a denunciar o cogió el teléfono para dar la voz de alarma? ¿Cómo exigimos a los jóvenes que hagan algo que los adultos no hacemos? ¿Y qué pasa si el alumno o alumna denuncia y es el profesor o profesora quien decide que eso “no tiene importancia” o “no es así como el alumno lo dice”? ¿Qué recibimiento le espera entonces al «denunciante» entre sus compañeros?

La solución ha de ser otra. Los criterios educativos no pueden ser tan inconsistentes como “que sean los centros quienes determinen la gravedad de las conductas y las medidas a adoptar”, como dice el artículo. No se trata de «dejar impunes», sino de cambiar hacia la cultura del respeto y la responsabilidad solidaria por convencimiento, en vez de por castigo. Si las normas de nuestros dirigentes se dirigen a estimular la denuncia, tengamos cuidado, pues pronto acabaremos todos expulsados…, aunque no sepamos muy bien de qué.

MIL FORMAS DE AMAR

SECCIÓN CUENTOS: EL NIÑO DE FLOR DE ALIAGA

Quise volver al recinto de mi patio, al aroma esponjoso del huerto, y a la sombra protectora de los chopos. Quise contemplar de nuevo la ribera del río en su paso dulce hacia el pueblo, donde la tierra deshecha se endurece abrazando la piedra, y quise dejar atrás la sequedad del tomillo, la embriaguez del espliego y la afilada aguja de la aliaga adulta. Llené la mesa de verdura fresca, para apaciguar el dolor de la soledad. Pero mi huerto está incendiado de desesperanza, tras tu ausencia. Mis ojos se arrasan con la mirada salobre de los prados del norte de la laguna, donde crecen juncos y puccinellia.

Te conocí en la ermita, observando zampullines, cigüeñuelas, gaviotas reidoras, patos y avocetas. Decías admirar su empeño para establecer los nidos. Me pareciste un hada, vestida de siglo XX. Piel pálida, suéter negro, ojos aguamarina. Tu boca, sin maquillaje, mostraba con precisión la línea de su contorno, dejando escapar la voz como el vaivén de las aves. Tus manos parecían flotar, ligeras, sin decidir asiento concreto. Me hablaste, sin embargo, de deseos de permanencia, de buscar nuevos bríos en este paraje distinto, para superar fracasos que conocí con el tiempo: un matrimonio infeliz y abortos en vez de hijos. Deseabas un nido lleno, como el que habita en el sacro humedal de La Laguna. Dedicamos muchas tardes, entre rutas de caminos y paseos esteparios, a ver abrir las estrellas, riendo, mano con mano. La Virgen del Buen Acuerdo, ¿habría aprobado el nuestro? No preguntamos a nadie. Yo tendría el hijo ansiado con el hombre que me amaba, pero, en clave, sería nuestro.

Ese invierno fue distinto. Por un lado, la ilusión; por otro, la ruptura —que supusimos final— de tu aciago matrimonio. Decías sentirte segura para dejar los maltratos. Con los primeros albores de la primavera, resultaste ave de paso, como la grulla o el ánade. La querencia fue más fuerte. Os convencisteis de otra oportunidad poniendo tierra por medio de todo lo conocido.

 

Pese a cuantos me acompañan, quedé sola en la laguna. El aire se hizo tan denso que a duras penas llegaba a darme aliento. El niño tiene los ojos de su padre… con tu mirada. El rizo de su pelo lleva impreso mi color… pero mantiene tu tacto. Su boca sigue la línea de un dibujo genético, pero habla y canta desde la melodía de tu voz. Y, cuando yo estoy triste, él tiene asma.

 

Ahora sé que tu partida era inevitable, que lo nuestro fue un sueño. El tiempo, con parsimonia, remienda las cicatrices; aunque, absorto en su incansable ciclo, no se ha dado cuenta de la secuela de aquel dolor infinito: ya no miro las estrellas, ni aguardo saber de ti. Solo La Laguna sabe de aquel anhelo imposible. Al menos, el hijo existe, sirviendo, como la aliaga tierna, de esperanza amarilla en el desierto del sentimiento.

 

MOTIVACIÓN ESCOLAR, MEDIACIÓN Y APRENDIZAJE

RESUMEN: La capacidad de motivación es una característica fundamental de una buena inteligencia emocional. Como toda capacidad ha de ser desarrollada en el individuo y el grupo para hacerse realidad. La desmotivación en la escuela ¿es una plaga de esta época o una consecuencia de la falta de uso de las herramientas adecuadas? La mediación es un conocimiento poderoso a favor de la comunicación. ¿Se sabe emplear adecuadamente en las aulas? ¿Cómo se puede aprender?

 

TEXTO:

Somos aquello que nos es dado por la genética, la naturaleza o la evolución. Y también cuanto podemos construir, a través del aprendizaje, la educación y el empeño. A esto último llamamos motivación. La capacidad de motivación es una de las características fundamentales de una buena inteligencia emocional. Es generalizada la queja de padres y profesores a quienes resulta cada vez más difícil conseguir que sus hijos o alumnos se “motiven” para el estudio. ¿Cuánto de responsabilidad tiene en ello nuestras actitudes hacia los niños y adolescentes? ¿Sabemos escucharlos con el corazón? ¿O solo escuchamos nuestra propia desmotivación hacia el cambio de estrategias?

Los resultados de un estudio llevado a cabo en 1925 por la doctora Elizabeth Hurlock, debían haber revolucionado el sistema educativo, tanto en la familia como en la escuela y en el trabajo (En Rath, T. y Clifton, D., 2007). Sin embargo, el estudio pasó desapercibido durante décadas y casi nadie se fijó en los efectos del refuerzo positivo. Hurlock quería determinar si era más eficaz elogiar, criticar o ignorar a los estudiantes en la obtención de la cantidad de problemas de matemáticas resueltos al cabo de dos, tres, cuatro y cinco días. Distribuidos en cuatro grupos, a un grupo se les alababan los resultados delante de toda la clase, a un segundo grupo se les criticaba por su falta de logro, al tercer grupo se le ignoraba por completo, aunque escuchaban las alabanzas y las críticas a los demás. Un cuarto grupo de control fue trasladado a otra aula después del primer examen. Los elogiados y los censurados mejoraron sus resultados después del primer día, pero después los estudiantes elogiados mostraron una notable mejoría que se mantuvo a lo largo de toda la investigación mientras que los criticados descendieron a un nivel levemente por encima de los ignorados. Los avances totales por grupos fueron:

  • Elogiados 71%
  • Criticados 19%
  • Ignorados 5%

 

Actualmente, cada vez más se está difundiendo en los centros escolares la mediación. La mediación es una herramienta de comunicación muy poderosa, pero ¿sabemos utilizarla adecuadamente en el contexto escolar?

 

La mediación en la escuela no puede convertirse en un traslado de conceptos, estructura de poder, esquemas protocolarios rígidos y jurídicos de los adultos. Ni puede limitarse a acudir a una cita, para atender la pelea entre dos compañeros y procurar que se pidan perdón y digan que ya se van a portar bien. Ni solamente existen conflictos entre iguales (niños) en los colegios. En la escuela o el instituto, estamos ante continuas interacciones grupales entre personas de diferentes edades, responsabilidades, circunstancias y culturas. Necesitamos estimular el lenguaje común de colaboración, para la consecución del objetivo de la convivencia pacífica. Tal cosa no es posible sin motivar, para que todos den lo mejor de sí mismos.

 

Ismael tiene diez años. Él y tres alumnos más de su clase fueron los únicos que hicieron todos los ejercicios propuestos por su profesora para las vacaciones de Navidad. Ismael pasó dos horas, todas las mañanas de las fiestas, dedicado al trabajo. A la vuelta de vacaciones, la maestra, desmotivada ante la pasividad general de sus alumnos, da por anulada la petición de los ejercicios y los cuatro niños y niñas que habían hecho toda la tarea quedan como “pringados” por trabajar “de más”. Ismael llegó con un enfado terrible a casa. Había hecho el ridículo ante los compañeros y había perdido el tiempo de sus vacaciones. El único aprendizaje obtenido es que no vale la pena esforzarse.

La actuación de la profesora debía haber ido encaminada a reforzar con atención y alegría, a los escasos alumnos que habían hecho el trabajo. No hubiese estado de más darles algún punto positivo en las notas; algún escrito de orgullo para los padres en las agendas y… hacerlos protagonistas ante al grupo por su responsabilidad. ¿Cómo? En una escuela comprometida con la mediación como herramienta de diálogo, democracia y búsqueda de soluciones positivas a necesidades, esta es una de los millones de ocasiones en que su utilidad se pone de manifiesto.

–          La necesidad de la clase es que todos los compañeros realicen la tarea pendiente.

–          Ismael y los otros tres compañeros responsables actúan como mediadores del día.

–          Se promueve el diálogo para que los niños expresen los motivos de no haber hecho el trabajo y también, especialmente, para que den ideas sobre cómo comprometerse, en un nuevo plazo, a realizar la tarea incompleta.

–          Las ideas que acuerdan entre todos son escritas, firmadas y expuestas en clase, hasta su total cumplimiento.

 

Ismael y los tres compañeros responsables sienten que el esfuerzo tiene su recompensa, que en su clase son reales la justicia y la democracia, y que el trabajo es un valor compartido. El aula cobra nueva vida con unos pequeños cambios, y el futuro de nuestra sociedad puede que también.

Mercedes Matás-Castillo

 

¿MEDIACIÓN CON SANGRE ENTRA?

SECCIÓN: DE PSICÓLOGA A JURISTA Y VICEVERSA

RESUMEN

Mediación sí, desde la Cultura de la Paz y el aprendizaje, desde pequeños, en la escucha al otro y la búsqueda conjunta de soluciones racionales y creativas. Mediación sí, desde la apertura a que todos los ciudadanos tenemos derecho a ser educados para comunicarnos mejor. Como decía Dale Carnegie “La mejor manera de que una persona haga algo, es que quiera realmente hacerlo”.

 

TEXTO

Como era de esperar, la obligatoriedad a una información y exploración en mediación ha desatado las iras de los propios juristas debido a las múltiples dudas prácticas y teóricas que plantea. La mediación no puede ser entendida como un trámite para descongestionar los pleitos del Juzgado. Ese sería un efecto secundario positivo, si la población estuviera educada en resolver sus asuntos, a través del diálogo y la búsqueda, racional y creativa, de alternativas de solución.

Se nombra expresamente el Grado de Derecho como el principal para poner una asignatura obligatoria de mediación. Y luego, residualmente, “otras”. ¿Por qué Derecho es el principal Grado que lo merece? Si en la Exposición de Motivos se justifica la necesidad del “impulso” a la mediación por “falta de cultura” de la población en la materia, ¿No será la Educación el Grado principal en el que haya que asentarla? ¿No es en los Colegios, Institutos y Universidades donde aprendemos la cultura? ¿Y por qué no en los Museos, las Fiestas, los Conciertos, el Teatro o el Cine? ¿Quién va a los Juzgados a aprender cultura? ¿Y por qué no en todos los Grados? ¿Acaso hay alguna profesión que no tenga diferencias entre sus personas? ¿O solo se divorcian y tienen problemas con la tubería del vecino, o con la herencia de sus hermanos quienes estudian Derecho?

Y si no quieres ir a mediación, o tu abogado/a no quiere que vayas —aun cuando existe la posibilidad de sesiones por separado sin verse las partes, cosa que hay mucha gente que no sabe—, la exclusión rotunda de la violencia de género ¿nos abona el campo para aumentar las denuncias falsas?

 

Si en los Juzgados se aprendiera Cultura de Paz (¿No es esa la filosofía de la mediación?), los abogados, fiscales, jueces y letrados de la Administración de la Justicia enseñarían, por ejemplo, la diferencia entre estos conceptos:

–       Apoyas a un hijo o hija que se está divorciando, cuando puedes recoger al niño/a del colegio, porque el padre/madre salen una hora más tarde que del trabajo. Apoyas cuando puedes pasar una mañana con el niño, porque está enfermo. Apoyas cuando escuchas pacientemente un día de bajón. Apoyas cuando ofreces ayuda de tiempo o económica, para que acudan a sistemas pacíficos para organizar los cambios de convivencia.

–       Te pones de parte, cuando cierras filas para conseguir el máximo beneficio (cada uno decide para quién) del divorcio contencioso, donde los abogados se encargan de “pedir la custodia exclusiva diciendo que el niño quiere estar con nosotros y que somos mejores padres que el otro/a … para que me den la compartida que es lo que realmente queremos”. Por supuesto, sin valorar si esa custodia compartida o esa exclusiva son coherentes con la realidad de esos hijos y esos padres en concreto.

–       Haces daño directo a tus hijos o tus nietos, cuando verbal, gestualmente o por mensajes desprecias, criticas, juzgas opiniones o hechos del otro progenitor, miras con asco la ropa que ha traído comprada por el otro, pagas a la/el abogada/o más belicoso para defender el pleito y todo ello enterándose los menores, porque se les tiene informados al detalle de todo lo malo que hace el otro 50% de sus genes.

 

Que yo sepa, nadie explica eso con pizarra y/o TICs en el Juzgado. Tampoco es esa la labor del mediador, pues, aunque puede ayudar a las partes a reflexionar, a través de preguntas, no está para explicar ciencia ni conceptos.

 

La enseñanza tiene ese espacio abierto muchos años antes de que se plantee la posibilidad de ir a un contencioso o a una mediación. Enseñar COMUNICACIÓN PACÍFICA Y POSITIVA y su repercusión a nivel de rendimiento, salud, emocionalidad o relaciones con los demás ES TAREA DESDE LA ESCUELA, como la geografía, las matemáticas o el inglés ¿o solo estudia inglés quien hace filología inglesa?

                                    Jardines en Oxford University

Johan Galtung, distingue entre violencia directa, estructural y cultural. La primera es la más evidente: golpes, gritos, humillaciones. La segunda es la desatención a necesidades importantes de la persona (supervivencia, bienestar, identidad, autoestima o libertad) sin necesidad de violencia directa. Ante un conflicto, el reparto o acceso a los recursos es resuelto a favor de una parte en perjuicio de las demás, en base a diferencias de género, clase social, etnia, nacionalidad, edad, profesión…

La tercera, la cultural, legaliza, sostiene, justifica y generaliza las dos anteriores.

Desde la escuela, podemos enseñar la historia de los acuerdos y sus efectos, como en Sudáfrica, y no solo la sucesión de guerras. La violencia cultural fomenta la difusión de posturas fanáticas en todos los órdenes de la vida y lo justifica, porque “aunque ahora no lo entiendas, es lo mejor para ti”. ¿Acaso en eso pensaba el legislador al querer “impulsar” la mediación?

 

Mercedes Matás-Castillo

EDUCACIÓN VERSUS DENUNCIAS

SECCIÓN: DE PSICÓLOGA A JURISTA Y VICEVERSA

RESUMEN: Asistimos a un debate interminable sobre violencia, delito, maltrato, mujeres, hombres, sufrimiento, mentiras y otros «deslogros» sociales. Y todo ello, con la tozuda costumbre de acudir a las denuncias y los pleitos como único recurso. Hemos aprendido el camino al Juzgado, al enfrentamiento, al yo tengo razón y tú estás equivocado. ¿No hay alternativa?

 

TEXTO

Los discursos se enrocan dicotómicamente. A veces, hablamos de lo mismo y ni nos damos cuenta. A todos nos espanta la violencia sobre la mujer y nos indigna que se denuncie a hombres inocentes. Sin embargo, utilizamos conceptos y cifras sin entenderlas, y confundimos a las personas de a pie que creen, con literalidad, la versión de quien da la razón a sus emociones más enconadas, sin matiz ni argumento.

Las cifras saltan en las noticias sin más explicación: Si la fiscalía dice que solo el 0,01% de las denuncias de violencia de género son denuncias falsas, otros remarcan que, desde 2007, se presentan más de un millón de denuncias y sólo hay 200.000 condenatorias. Hay quien cataloga directamente como denuncias “falsas” la diferencia, sin advertir que las condenas penales no abarcan toda la gama de “faltas de respeto” que se pueden dar en una relación interpersonal.

 

Entre el respeto equilibrado o el diálogo igualitario y el delito penal, hay una larga línea de comportamientos, actitudes, tradiciones y hábitos incorporados en la vida cotidiana que puede ser inmensa.

RESPETO                                                                                         DELITO

 

Algo que no cumpla exactamente las características tipificadas por las leyes como delito, normalmente, no obtendrá una sentencia condenatoria por el poder judicial. Pero eso no significa que sea una conducta respetuosa, aceptable, equilibrada y adecuada entre personas. Empieza a haber faltas de respeto mucho antes de que haya un delito. Dichas faltas de respeto no son punibles ni deben serlo, porque se colapsaría la justicia pública que está para los supuestos más graves. El problema surge, terrible, por los movimientos sociales a los que asistimos en España, actualmente, cuando un comportamiento no se considera delito, pero tampoco es respetuoso. En el caso de la violencia de género, la mujer entiende la falta de condena como injusticia, porque no eran “falsas” las conductas que contaba y también era real el sufrimiento, el miedo y la necesidad de alejarse de esa situación. Por su parte, el hombre lo entiende como que ha sido injustamente vilipendiado con una denuncia falsa y cree que su comportamiento es perfectamente correcto, porque “el juez no lo ha condenado”.

Ambas creencias son erróneas. Todo se agrava si los o las abogados/as defensores cargan las tintas en contra de la otra parte, sin atender al derecho de sus clientes a buscar alternativas al pleito, como se recoge en el Código Deontológico de la Abogacía (art. 13. Apartado 9, letra e) y sin explicarles unas expectativas realistas de los posibles resultados del juicio. Con esta actitud incendiaria, la defensa se convierte en el peor enemigo del cliente y el cliente acaba en un mar de frustración (si pierde, incomprensiblemente para él/ella) o de empoderamiento absurdo (si gana, con una sentencia absolutoria) al impedirle reflexionar sobre qué está haciendo mal y qué es necesario cambiar en su comportamiento.

 

Todo resultaría más fácil si en vez de un debate antagonista sobre géneros, leyes, intereses económicos de subvenciones y dicotomías irreconciliables, dedicásemos recursos y esfuerzos a EDUCAR en el respeto, sin etiquetas de maltratadores y víctimas, desde la base de qué favorece el correcto trato entre las personas y qué no. Nos sería más fácil identificar una falta de respeto y corregirla desde su inicio. La población estaría más preparada para superar trayectorias culturales de desequilibrio que no pueden cambiar a golpe de ley radical ni de manifestaciones radicales por el otro extremo, en contra de esa misma ley.

 

El gran sistematizador de la violencia, Johan Galtung, aclara porqué la paz no es solo la ausencia de guerra. Del mismo modo, podemos entender que el respeto entre hombres y mujeres no es solo la ausencia de delito. Hay un largo camino que enseñar por en medio. Lo explicaremos en detalle la próxima semana.

Mercedes Matás-Castillo

ENTREVISTA A MARÍA JOSÉ INIESTA SOLANO

MARÍA JOSÉ INIESTA SOLANO, Trabajadora Social.

TALENTO Y CONSTANCIA ANTE LOS OBSTÁCULOS

Entrevistamos a María José, en materia de trabajo social y teatro.

E: Mª José ha sido siempre una luchadora por el bienestar y la defensa de los derechos de las personas con diversidad funcional. Predicó en casa con el ejemplo y obtuvo una sentencia a favor del reconocimiento del pago de una prestación para su hermano Rafael. ¿Cómo recuerdas aquel procedimiento contencioso-administrativo?

MJ: Toda una odisea. Eso sí, fuimos al contencioso con la seguridad de que todo estaba bien hecho por nuestra parte: cumplimos los plazos legales y era de justicia total que nos dieran la razón. Hubo un despropósito con los cómputos de los pagos que le correspondían a mi hermano (tiene un 91% de discapacidad), y no podía quedar así. Todo comenzó porque él estaba recibiendo una prestación de cuidados en el entorno. Solicitamos que se le concediera el servicio de residencia y éste le fue concedido al año de su solicitud, pero renunció al mismo en tiempo y forma por motivos de salud, lo cual suponía que al no entrar en vigor el servicio de residencia el IMAS, de oficio, debía restablecer la primera prestación, pero no lo hace. En 2014, dos años después, querían considerarla como una nueva solicitud y no pagar los atrasos de todo ese tiempo desde la renuncia, que era desde cuando correspondía. Tras el juicio nos dieron todos los atrasos.

E: ¿Qué papel crees que tendría la mediación en casos como estos?

MJ: El mundo de la dependencia tiene una desprotección absoluta. Que yo sepa, no funciona, porque la administración tiene potestad absoluta y utiliza el silencio administrativo en negativo con mucha alegría, te hace que vayas al contencioso casi siempre. Sin ir más lejos, en tema de baremos de oposiciones, cada administración pública puede considerar qué cuenta y qué no, existiendo diferencias entre ellas perteneciendo a la misma Comunidad Autónoma, me refiero al Servicio Murciano de Salud y la CARM, por ejemplo.

E: ¿Y en otras materias típicas de la labor del trabajador social?

MJ: En otros temas sí, dado el gran espectro de ámbitos y funciones que las/los trabajadores sociales abarcamos y realizamos. Por ejemplo, a nivel de relaciones intergeneracionales padres-hijos, y todo tipo de casos de intervención familiar (divorcios y sus consecuencias en custodia de los menores a cargo, violencia de género, violencia intergeneracional …), sanitaria, prisiones, centros de educación especial. También en el ámbito de las personas mayores, casi un tercio de nuestra población, cuyas enfermedades y edades avanzadas hacen que las relaciones familiares, a veces, se debiliten, se rompan o los hijos entren en conflicto; hacia la Fundación Murciana para la Tutela y Defensa Judicial de Adultos, con el objeto de proteger a estas personas y que alguien vele por sus derechos. Ahí sí sería necesaria una educación hacia la mediación.

 E: Mª José también desarrolla una importante faceta artística en su vida. ¿Qué ventajas tiene el teatro sobre otras artes?

MJ: El teatro es muy completo. Interpretas, hay acción, música. En el cine se pueden cortar planos, pero el teatro es más arriesgado, imprevisible, puede salir bien o no. Lo que ocurre es que cuando sale bien y el público responde, es una satisfacción magnífica ese contacto, ese calor de tener la gente al lado. Es algo que causa amabilidad en mi emoción. Nada es comparable.

E: ¿Cuál crees que debería ser el papel del teatro en la educación?

MJ: Siempre ha habido mentes que pensaban que enseñar teatro era importante. Su papel en la educación debería ser del 150%. Que los chicos tengan la oportunidad de inventar personajes, interpretarlos, sentirlos… es fabuloso. En este país se obvia esta rama. Yo la pondría como asignatura, aunque fuera optativa. Crea grupo, estimula la creatividad, la lectura en voz alta, el pensamiento crítico, la empatía, al saber qué siente otra persona, si se intercambian los papeles, por ejemplo, de agresor y víctima. Se ponen de manifiesto diferencias, pero con objetivos comunes, ya que el teatro tiene la responsabilidad de que el trabajo de cada uno repercute en los otros.

Además, en los colegios se daría entrada a profesionales que han estudiado dirección y Arte Dramático, gente y talento que, normalmente, acaban de monitores en talleres municipales. Desde luego, el partido que incluya poner teatro en los colegios, ¡¡tiene mi voto!!

 

La vida y trabajo de María José (Masé Solano en la escena) darían para escribir muchas páginas con un sinfín de matices, personajes y reveses de la vida a la vuelta de la esquina. De una familia numerosa con dificultades para salir adelante, Masé destacó por su curiosidad hacia el estudio y la pasión por la cultura. Su buen humor, su constancia y su capacidad estratégica para entender los entresijos de las leyes o controlar los procedimientos hacen posible que muchas personas se beneficien de derechos que, la mayoría de las veces, desconocemos que tenemos.

¡Muchas Gracias, María José!

AVANCES EN LA MEDIACIÓN CONTENCIOSO-ADMINISTRATIVA

40.000 DÓLARES POR LA CABEZA DEL GENERAL

RESUMEN: MODELO VALIENTE PARA NAVIDAD. CUENTO EN MEMORIA DE HARRIET TUBMAN. La ciencia cambia sus parámetros, los poderosos sus discursos, los hombres sus valores y las leyes su contenido. Aquello que no cambia es lo que hace avanzar el mundo hacia algo más bello, donde el equilibrio, el respeto, la libertad y la bondad son los únicos amos.

Maryland, 1857

Los niños disponían de unas horas para jugar en el granero. El amo no regresaría hasta caída la tarde, cuando el sol de mediados de otoño enrojeciera los campos de labor de la hacienda. Aprovechaban para despejar el espacio destinado a los tubérculos que extraían de la tierra sus mayores. La recolección de la patata era un proceso delicado, de precisión en el manejo de la azada, y de paciencia. El almacenamiento requería, igualmente, una manipulación cuidadosa: era conveniente evitar golpearlas o dejarlas al sol, para preservar su lozanía.

Hacía varios años que los adultos comentaban a escondidas, durante los quehaceres campesinos, o al calentarse en el exiguo fuego de su barracón, las historias del General. Los niños no sabían si el General era blanco o negro, joven o viejo, si viajaba a caballo o en carro. Ellos lo imaginaban con mil caras, pues todos se vestían con la piel del héroe en sus juegos infantiles, donde el General era uno u otro rapaz, según el turno del día. Fuerte, valiente, sin miedo al aguacero ni al rayo. Imparable ante ventiscas, nieves o tornados. El granero se convertía en el gran país de los Estados Unidos, y los diferentes rincones de su área eran los puntos a seguir en la ruta hacia la intrépida misión, inventada, ese día, por el General con la cara de Trudy, Jason, Sarah o Peter. El general-niño reunía a su ejército en un extremo del cobertizo, donde la zona de las herramientas se transformaba en tren; los depósitos de cereal evocaban montañas; entre mantas, sacos de tela basta, rollos de cuerda o arreos de cuero, revivían escenas ocurridas en cuevas y escondrijos empleados por el General en sus incursiones desde el norte, para liberar esclavos negros.

Los mayores susurraban que también había sido esclavo, pero ninguno de los rostros humildes conocidos por los chicos respondía al ideal imaginado que llegaba sorteando peligros, dispuesto a cualquier cosa para salvar de su infame condición a niños, mujeres, hombres y ancianos. “En el destino ansiado no había señores que exigieran órdenes inaplazables, que decidieran sus nombres al nacer, o que sofocaran la frustración a latigazos”, contaban a los niños. Un mundo así, imposible de imaginar años atrás, se estaba haciendo realidad gracias al General.

 

* * * * *

 

El amo inspiró hondo y contuvo el aliento para tomar impulso al bajar de su caballo. La elegante mansión de dos plantas donde tenía lugar la reunión, abrió sus puertas mostrando a un impecable lacayo negro, quien apremió a dos muchachos para llevar la montura del recién llegado a las caballerizas. Los amplios ventanales coloniales estaban cegados, en su mayoría, por pesados cortinajes verdes rematados con gruesas borlas doradas. El amo fue guiado al salón de la planta baja, donde el anfitrión departía, amigablemente, con otros hacendados, sobre la novedad de los navíos a vapor y la abundancia de las cosechas. Tras el amo, llegaron los últimos señores citados y algunos capataces. El anfitrión cerró a sus espaldas la ornamentada puerta de roble y comenzó su disertación.

Queridos vecinos y amigos: les he reunido hoy en mi casa porque tengo el placer de presentarles al ilustre doctor Cartwright, miembro de la Asociación Médica de Louisiana y autor de numerosos artículos sobre “enfermedades y peculiaridades de la raza negra,” cuya exposición realizará él mismo, pues ha tenido la amabilidad de acompañarnos esta tarde. El objetivo de su visita es prevenirnos y orientarnos sobre un peligro que nos acecha, y darnos a conocer las herramientas adecuadas para tratarlo eficazmente. Sin más dilación, estimados señores, cedo la palabra al doctor Cartwright.

Un sucinto coro de aplausos dio paso a un hombre recio, de brazos poco musculados, enfundado en una levita con solapa de terciopelo negro, cuyos botones tensaban al máximo la tela que contenía al eminente individuo. Sus pobladas cejas enmarcaban unos ojos huidizos y contrastaban con la frente, despejada hasta la coronilla, desde donde el pelo, lacio y oscuro, se expandía en unas enormes patillas rasuradas con esmero al inicio de la barbilla. El amo observaba y escuchaba. Se sabía el más joven e inexperto de la reunión, y temía las miradas desaprobatorias de los máximos poderes fácticos de su entorno. Debía continuar con la hacienda de su padre, sin defraudar las expectativas, si bien, en ocasiones, experimentaba cierto incomodo ante las conversaciones de sus iguales.

El doctor comenzó recordando la vigencia, desde 1850, de la “Ley de los Esclavos Fugitivos”, por la cual se exigía a los estados del norte el retorno de los huidos. Sin embargo, constaba el funcionamiento clandestino de un grupo de abolicionistas, llamado Underground Rail, que planeaba sistemáticamente escapadas de esclavos hacia el norte, incluso hasta Canadá. Uno de los líderes más activos de ese grupo, precisaba el doctor, era una esclava fea, con pocos dientes y encorvada, que padecía un grave desorden médico necesitado de estudio pues, en su delirio, confundía a otros esclavos, alentándolos a huir con vanas esperanzas de libertad. Acentuaba su desorden el hecho de sufrir, desde niña, vértigos, mareos, visiones y estados de sueño repentino, secuelas de un desafortunado golpe recibido a manos de un antiguo dueño —Dios lo perdone y lo tenga en su gloria—, que ella interpretaba como mensajes o llamadas divinas en su lucha a favor de los hermanos negros. El diagnóstico estaba claro ante síntomas del tipo: “ansias de libertad” o “expresión de sentimientos en contra de la esclavitud”. Esta alienación mental, contraria a la voluntad de Dios, se podía prevenir con el consejo médico adecuado: si el amo o capataz pretendía elevar al esclavo a su mismo nivel, intentando hacer de él algo más que un ser sumiso, o bien, caía preso de la ira y se comportaba cruelmente, descuidando la protección del negro, o negándole sus necesidades comunes, entonces el cautivo desearía huir, víctima del mal acuñado como “drapetomanía”. Pero si el señor era bondadoso, sin ser condescendiente, el siervo quedaba agradecido y no ambicionaba escapar.

El doctor continuó explicando los extremos de los cuales era capaz la enferma, objeto de atención particular ese día, en su locura de libertar esclavos: dormía a los niños con somníferos para que no lloraran; a punta de pistola, “disuadía” a quienes se arrepentían antes de alcanzar el destino; planeaba meticulosamente estrategias y rutas alternativas de evasión; convencía a las autoridades norteñas para que incumplieran la ley, no retornando a los huidos, y un sinfín de dislates propios de una mente trastornada como la suya.

El amo escuchó, atónito, descripciones y sistemas de curación de esta y otras enfermedades de la raza negra. Salió del lugar con la vista aturdida y el estómago próximo a la náusea. Agradeció el aire fresco de la calle y espoleó a su caballo para llegar, cuanto antes, a la hacienda.

 

* * * * *

 

Debía de ser una ocasión muy especial, pensaron los niños, porque el amo convocó a todos los sirvientes en el vestíbulo de la casa grande. Las labores quedaron interrumpidas y la brisa fresca del anochecer se transformó en un viento repentino que agitó sombreros, delantales y pañuelos de las obedientes sombras que se acercaban en dirección a la puerta principal de la casa.

El amo habló de una amenaza que se cernía sobre todos ellos con rostro de mujer enferma, a cuya cabeza se había puesto precio en Maryland: 40.000 dólares. Su nombre era Araminta, aunque se hacía llamar Harriet. Les arengó a no dejarse seducir por sus promesas y, en cualquier caso, a dar información sobre su paradero. El amo sudaba copiosamente cuando informó sobre otra dolencia propia, en exclusiva, de la raza negra, divulgada por el reputado médico que acababa de conocer. El término empleado por el doctor era dysaethesia aethiopica, aunque el amo no retuvo las palabras. Sí recordó que casi todos los negros libres estaban afectados por ella, y sólo atacaba a los esclavos cuya dieta o actividad era similar a los libres. Consistía en una “pérdida de sensación en la piel de la espalda, junto con un embrutecimiento de las facultades intelectuales.” La forma de cura, para devolver la sensibilidad a la zona afectada, consistía en “lavar con agua tibia y jabón, ungir con aceite, golpear con una correa de cuero ancho y poner al paciente en algún tipo de trabajo duro bajo el sol”.

El amo aferró una mano con otra para contener el temblor. Con voz inaudible, musitó no desear tratar tan terrible problema. Los niños se estremecieron, imaginando sus espaldas como patatas abiertas por la mitad, rajadas y expuestas al sol. De la mujer enferma no sabían nada. Los mayores les habían asegurado que sólo seguirían al general Tubman y que éste, a veces, era un maestro del disfraz.

 

Mercedes Matás-Castillo