ENTREVISTA A ANA CRIADO INCHAUSPÉ

ANA CRIADO INCHAUSPÉ, Analista y gestora de conflictos.

A FAVOR DE SEPARACIONES PACÍFICAS

Presidenta y fundadora de la Asociación Madrileña de Mediadores. Formadora de mediadores familiares en Mediación Familiar Internacional. Abogada de familia SOLO en casos de mutuo acuerdo.

 

Entrevistamos a Ana en relación a su experiencia como mediadora.

Nos recibe por Skype, desde su despacho, recién terminada una sesión de mediación. Ana Criado es una mujer de movimientos rápidos, hablar fluido y sonrisa iluminadora.

E: Según decimos los psicólogos, la inteligencia y el pensamiento maduros se expresan por la capacidad de adaptación a los cambios. ¿Cuáles son los mayores cambios a los que Ana se ha enfrentado y cómo ha madurado tu persona con ellos?

A: Personalmente, fue un gran cambio ser madre. Tengo dos hijos de 16 y 14 años. Aprendo de ellos cada día, revivo cosas del pasado, y me encanta.

Descubrir la mediación me hizo ser otra persona, más reflexiva, porque soy bastante impulsiva y visceral. Aprendes a separar las personas del problema, entiendes que lo que se siente es pura emoción y no el problema realmente. Con cada caso, cada día, aprendes mucho. En el fondo, te nutres de sus experiencias y sabiduría y captas otras percepciones de ver el conflicto. Te das cuenta de lo pequeños que somos todos. Aprendes a valorar las cosas de cada día.

Otro cambio fue mi divorcio, hace cinco años. Cambia la perspectiva, a la hora de hacer las mediaciones. Por ejemplo, no entiendo que la gente se grite. Tenemos una custodia compartida y he recuperado tiempo y espacio para descubrirme a mí misma, para conocerme. Hago coaching, talleres de crecimiento personal, etc.

E: ¿Cómo conociste la mediación y qué te impulsó a dedicarte a ella?

A: Descubrí la mediación por casualidad. Trabajaba en una notaría y estaba de baja por maternidad de mi segundo hijo. Mi madre es del País Vasco francés. Íbamos en coche a Francia, imagínate el panorama (ríe abiertamente): Yo dando el pecho a un bebé, una niña de dos años y medio, mi padre con Alzheimer y mi madre. Todos en la carretera. En la estancia en Francia, una prima me dijo que estaba haciendo mediación y pensé “¡qué maravilla! Seguro que en España esto no existe”. Un día, en el Centro de Salud de Pozuelo de Alarcón vi folletos de un Centro de Mediación. Mi sorpresa fue mayúscula y busqué dónde poder aprenderlo. Finalmente, dejé la notaría para dedicarme a la mediación y creé la Asociación AMMI.

E: ¿Qué necesidades ves en la educación para que la mediación sea un lenguaje y una actitud normalizada? ¿Cómo está el panorama en Madrid a nivel de conocimiento por parte de la población?

A: En la Educación se debe hacer hincapié en la gestión de resolución de conflictos en general, educación emocional y todo tipo de alternativas de gestión pacífica. No limitarlo a la mediación, porque eso es muy restrictivo. La mediación sigue siendo una gran desconocida, también en Madrid. Yo me defino como analista de conflictos: veo los puntos débiles o flojos, para incidir en ellos. A veces, concilio, otras, negocio; unas veces soy más proactiva, otras, toca escuchar… Hablar de emociones en un despacho todavía está mal visto, desconcierta al profesional que mira el problema como algo exclusivamente legal. Pero sabemos que el problema no es la ordenanza ni la interpretación de lo que está escrito, sino que es todo emoción. Las mujeres se atreven más a expresar sentimientos, pero entre los hombres hay mucha reticencia.

 

E: Se ha hablado mucho de multidisciplinariedad en mediación, aunque parece más una afirmación sobre el papel que en la práctica. ¿Es posible la multidisciplinariedad? ¿Cómo lo organizáis en vuestra asociación?

A: Estoy a favor de la comediación, por el hecho de que cuatro ojos y cuatro oídos ven y escuchan más que dos. También medio sola, por diversas razones: Es difícil cuadrar agendas de cuatro personas. Es más rentable, económicamente, un solo mediador. A nivel internacional, también medio sola por la cuestión del idioma (Ana domina el español, francés e inglés). Aunque hay una escuela que establece que debe haber un mediador por cada país de los mediados. El problema entonces, si los dos mediadores no hablan los dos idiomas, es que se necesita traductor y todo se complica mucho más.

Personalmente, creo que no se es mejor mediador por ser abogado, psicólogo, trabajador social, notario o arquitecto. Creo que saber mediación te hace mejor abogado, psicólogo o arquitecto…

En la profesión de origen, cogemos vicios de perspectiva que pueden afectar a la mediación. Lo importante es saber ver a la persona, entender el concepto de emoción. Y la emoción no tiene profesión ¿Quién es el dueño de la emoción?

E: También parece que está de moda la anti-neutralidad. ¿Hay que eliminar el principio de neutralidad para poder ser mediadores “activos”, sinónimo de “más útiles”?

A: La neutralidad se refiere a que el mediador respete el acuerdo de las partes. Debe ser “su acuerdo”, no la opinión del mediador. Sin embargo, ¿cómo dejar de opinar? Eso es imposible. El mediador tendrá una opinión sobre los asuntos. El límite está en que esa opinión te influya a la hora de actuar en la mediación. Tal vez, no haya que eliminar la neutralidad, sino redefinirla, plantearla de otra manera. Hay que respetar los acuerdos de las partes teniendo en cuenta que no sea ilegal o de imposible cumplimiento. Pero aún siendo de imposible cumplimiento, por mucho que se le advierta o aconseje por los entendidos en el tema de que se trate, la gente hace lo que quiere, lo que le da la gana, al final. Da igual lo que le digan.

Me preocupa mucho más la imparcialidad, la toma de partido inconsciente por una de las partes, ya que, a veces, es inevitable tener más “feeling” con uno que con otro y tienes que frenarte. No creo en las Escuelas ni en los dogmas. La mediación es un mundo de grandes egos. La formación se ha encasillado mucho con todo esto y la mediación es innovar.

 

¡Muchas Gracias, Ana!

El jueves 22 de noviembre fue la GALA DE LOS PREMIOS de la Asociación Madrileña de Mediadores. FELICIDADES A TODOS LOS PREMIADOS Y A LA LABOR DE LA ASOCIACIÓN.

 

VÍDEO SOBRE SECUESTRO INTERNACIONAL. CASO OLIVIA ENCINAS.

 

 

APRENDER A AMAR

RESUMEN: La erradicación de la violencia no se logra únicamente con leyes duras, castigos ni medidas de protección externa. A la sensatez del reconocimiento legal de igualdad y respeto entre las personas se opone la locura de las denuncias falsas, las estafas con las ayudas y el denigrante silencio aun existente ante la violencia real. Ponerse a favor de una educación más clara en materia de amor, tal vez dé claves para tomar otras decisiones.

Hace poco me volvieron a hacer la pregunta: ¿Cómo se mide el amor? ¿Cómo saber quién quiere más? No importa la edad, seguimos teniendo la duda.

Hoy se hacen actos “contra la violencia de género”, pero parece que todos seguimos sin saber las claves “a favor de” quién me ama y cómo. La mayor causa de sufrimiento es la forma en que nos convencemos de no poder cambiar. A veces, solo es necesaria una nueva perspectiva bajo la cual contemplar la situación, para sobrellevar mejor el día a día. Otras veces, es necesario un giro radical a como nos educaron. Ni leyes ni castigos cambian esos sellos con que nos marcaron sobre qué era amor. A pesar de la proximidad, la distancia que separa unas personas de otras se asemeja a las inmensas distancias estelares. Entre personas, hay tanto vacío y distancia como la que separa la Tierra de la Luna. Solo hay un recurso en forma de emoción para salvar esa distancia: los físicos lo llaman una transición de fase, una reordenación de la materia que tiene el extraordinario efecto de superar el vacío de dos o más seres hasta entonces solitarios; las personas de a pie lo llamamos amor…

Dice Neruda:

La capacidad de amar se nos otorga de manera desordenada, haciéndonos creer que esa es su naturaleza, al igual que se nos ha hecho creer que estamos aquí para sufrir y morir. Puede que el aparente orden en que queremos encerrar nuestro pensamiento y nuestras relaciones no sea más que una ilusión de orden, y sea eso lo que desordena nuestras emociones. Todos nacemos con esa capacidad transformadora. El objetivo de la educación, debería ser despertarla, a través de enseñar a percibir al otro, a los otros o a uno mismo como dignos de dicha emoción.

 

A nadie te pareces desde que yo te amo, sigue Neruda,

Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.

  

Iniciar un viaje con gente nueva es aprender, como el Principito, a mudarse de planeta. Quizá sí importe escuchar nuevas palabras, y aprender a usarlas para nombrarnos de nuevo, y hacernos testigos de la existencia del otro.

Necesitamos aprender aquellas estrategias que nos permitan acercarnos y mantener a las personas que nos hacer ser mejores. ¿Cuáles son las claves? ¿Qué preguntas me hago para saber si tengo y recibo amor?

En 2001, Sheldon y colaboradores recogieron las necesidades psicológicas básicas más asociadas a emociones positivas y equilibrio afectivo:

  1. AUTOESTIMA o sentimiento de respeto personal ¿me siento respetada/o en mi cuerpo, mi espacio, mi tiempo, mis pertenencias? ¿estoy dispuesta/o a hacerlo con el otro/a?
  2. RELACIÓN o sentimiento de estar próximos a quienes son importantes para nosotros. ¿Esta relación me lo permite o me aparta de ellos? ¿Se lo permito?
  3. COMPETENCIA o sentimiento de ser capaz de superar con éxito situaciones difíciles ¿me siento valiosa o él es mejor en todo, sabe todo y decide todo, para que no me preocupe? ¿lo/la considero competente?
  4. AUTONOMÍA o sentimiento de estar tomando decisiones basadas en las verdaderas necesidades, valores y principios de uno mismo. ¿Me pide hacer cosas que me perjudican, me ponen en riesgo o van contra mis valores? ¿Qué cosas le pido o doy por sentado que acepta?

Necesitamos una educación que nos otorgue la valentía de alejarnos de quienes nos envenenan con su ignorancia, su ira, su control, su egoísmo o continuas quejas, al tiempo que nos ayude a tolerar los fallos de quienes están dispuestos a rectificar buscando soluciones satisfactorias para todos. Necesitamos aprender a ser alegría para otros,

Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,

Avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.

Quiero hacer contigo

Lo que la primavera hace con los cerezos.

Mercedes Matás-Castillo

FELIZ DÍA

ESCUCHAR LA INTELIGENCIA

RESUMEN: Muchos padres tienen la sensación de que sus hijos no desean hablar con ellos, cuando se hacen adolescentes. “Se ven mayores” “Están en la edad del pavo” o “No sé qué le ha pasado a este chico/a que no es el mismo”. ¿Hay una edad en la que existe comunicación y otra en la que deja de haberla? La comunicación es necesaria a todas las edades. El secreto de la continuidad es saber escuchar su inteligencia desde el principio.

TEXTO

¿Es difícil comunicarse con los adolescentes?

Antes de nacer mis hijos, cuando nadie me veía, hablaba con ellos. Durante las horas previas al parto, les iba explicando qué ocurría, que ambos estábamos asustados, pero que, si los dos colaborábamos, saldría todo bien. Les repetía que éramos un equipo y ninguno podía fallar. Después de nacer, les explicaba pensamientos, opiniones y sentimientos. A veces les leía párrafos de libros o artículos que estaba leyendo y les contaba si me habían gustado. Esa sencilla práctica me ha permitido mantener la confianza con ellos para tratar cualquier tema, con independencia de la edad que tengan. Entre las conversaciones necesarias, figura explicar “mamá se tiene que ir y se quedan con otra persona o, en la guardería, unas horas” (los muy pequeños no entienden de horas en números, pero sí en función de rituales: antes o después de la comida, cuando se esté haciendo de noche, cuando sea el baño…). De esta forma, sienten la seguridad de que hay algo conocido que les indicará cuándo vuelve mamá. La estrategia de salir corriendo en un descuido es una brecha en la comunicación: abre el concepto de engaño en sus mentes y les da una desagradable sensación de inseguridad y abandono. El castigo emocional que los niños harán cuando la madre vuelva está garantizado.

Los adolescentes que se han sentido escuchados, que han aprendido que existe el NO y han experimentado el sabor de la responsabilidad al permitírseles ciertas elecciones libres, no tienen por qué volverse huraños en su adolescencia. La comunicación puede ser mantenida con los padres o la familia si se ha practicado desde siempre. La falta de reconocimiento o de integración en la vida adulta a la que se empiezan a acercar, llevará a reacciones inesperadas, quizá desproporcionadas, de enfado, tristeza, desapego, desprecio o egoísmo.

Todos debemos revisar cómo nos sentimos tratados y escuchados en nuestra adolescencia: ¿Nuestros padres tenían tiempo para que les contásemos cómo había ido el día? ¿Nos pedían opinión sobre elegir destino en vacaciones, comprar una casa o elegir el coche familiar? Si preguntábamos, ¿nos contaban algún secreto de familia o por qué había enemistad con algún vecino? ¿Nos contaban preocupaciones o alegrías? ¿Estudiábamos juntos posibles soluciones a problemas? ¿Teníamos responsabilidades? ¿Nos pedían ayuda si estaban enfermos o cansados?

No se trata de utilizar a los jóvenes como paño de quejas o lágrimas, ni de agobiarlos con problemas adultos. Se trata de demostrarles que confiamos en su criterio; que nos dejamos sorprender por su sabiduría; que permitimos que nos recuerden qué es lo verdaderamente importante.

Ayudar a escucharse

Los padres andan muy preocupados pensando si sus hijos elegirán bien su futuro. Se sigue teniendo el prejuicio de “tener salidas” y se deja de escuchar que “las salidas” son la consecuencia de hacer algo bien, con ilusión y constancia. Escuchar su inteligencia o descubrir su talento es dejarles libertad de expresión, para que descubran qué es lo que realmente les apasiona y que sean ellos mismos quienes, con unas mínimas guías, desbrocen el camino para buscar los medios para conseguirlo. Todo pequeño escalón que consigan ascender por ellos mismos aumentará su autoestima les hará creer que merece la pena el esfuerzo.

El espacio de la comunicación con los jóvenes es entorpecido, muy a menudo, sin la intención de hacerlo. Cuando los jóvenes manifiestan en voz alta qué salida profesional les atrae, si ésta no es acorde con la expectativa paterna o no es considerado un “trabajo adecuado”, ¿qué comentario recibe? Las palabras dichas a nuestros hijos dejan una huella más intensa y más duradera que castigos y premios. Pueden ser decisivos para que el joven confíe o se auto-anule; para que se abra a la comunicación o se cierre.

 

SITUACIÓN A

–          El adolescente expresa que quiere ser o dedicarse a… (una chica dice bombera; un chico dice modelo; otro, probador de atracciones de feria…).

–          El adulto responde inmediatamente mostrando los inconvenientes (que considera altamente racionales) o con un comentario despectivo a su elección. “Con lo mona que eres ¿cómo vas a ir con un casco de bombero?”; “Si se te dan bien las matemáticas, tienes que ser ingeniero”; “¿Vas a pasarte el día montando en la montaña rusa?”….

–          El adulto (que sabe lo más conveniente para el inexperto joven) aconseja cuál es, sin duda, la mejor elección.

–          El adolescente se da la vuelta y no vuelve a hablar del tema.

–          Unos días después expresa una elección distinta, también alejada de la expectativa del padre/madre.

–          El adulto: “¿Ves como no tienes claro lo que quieres? Déjate de tonterías y haz lo que yo te digo”.

–          Pocos días después el adulto no entiende qué le pasa al chico que no habla. “Es la adolescencia, que lo está cambiando y ya no cuenta nada”.

 

SITUACIÓN B:

–          El adolescente expresa que quiere ser o dedicarse a…

–          El adulto pregunta: ¿Qué es lo que te atrae de ese trabajo o profesión?

–          El adolescente contesta …

–          El adulto responde: pues eso está muy bien porque… (comenta una ventaja, un beneficio o algo positivo que tenga ese trabajo o profesión).

–          El adulto sugiere: sigue buscando cosas relacionadas con el tema y qué necesitas para conseguirlo. Si te gusta, lo harás lo mejor posible (damos el voto de confianza en que por sí mismo descubrirá si realmente es lo que quiere y que cuenta con nuestro apoyo a su esfuerzo).

–          El adolescente mantiene intacta la motivación para seguir comunicándose con sus padres y asume la responsabilidad de hacer bien aquello que le ilusiona (se compromete a ser competente en aquello que elija).

 

Si la elección del joven es una tontería o no tiene aptitudes suficientes, él o ella serán los primeros en darse cuenta, aunque es difícil saber dónde están los límites de cada persona antes de esforzarse con ilusión para conseguirlo. “¿Se sabe acaso que Caruso, uno de los más célebres cantantes del mundo, fue rechazado de varios coros al comienzo de su carrera por no poseer suficiente voz? Tuvo que estudiar largo tiempo para llegar a ser el gran cantante que fue” (Mansión, 1958).

Un adolescente es un principio de adulto. Educarlos es comenzar a devolverles el poder de decisión sobre la responsabilidad de su futuro. Los adolescentes piensan en algo más que en su imagen, la música, el sexo o el botellón. Se preocupan por el futuro, porque su cerebro acaba de descubrir que existe, van hacia él y deben empezar a decidir. Escuchar su inteligencia es facilitarles un futuro feliz.

 

LECTURAS RECOMENDADAS Para adolescentes y formadores de adolescentes

La isla de las tres sirenas. Autor: Irving Wallace.

 

Mi idolatrado hijo Sisí. Autor: Miguel Delibes.

 

Cómo hablar para que los adolescentes escuchen y cómo escuchar para que los adolescentes hablen. Autoras: Adele Faber y Elaine Mazlish.

 

 

M. Matás-Castillo

 

SUICIDIO VERSUS AUTO-ASERTIVIDAD

RESUMEN: A partir de la adolescencia, nuestro cerebro está capacitado para el pensamiento más allá de lo concreto, es decir, de lo que podría ser. Es entonces cuando la opción del suicidio entra dentro de “lo posible” en nuestra vida. La información sobre este tema está plagada de cifras estadísticas, búsqueda de causas y peticiones de legislación “contra el suicidio”. El foco de atención en la enfermedad o la tragedia tal vez nos está impidiendo descubrir las fortalezas para no hacerlo.

TEXTO

¿Es normal pensar en el suicidio?

Lo más probable es que en alguna ocasión en su vida, o en varias, quizás, muchos hayamos tenido el pensamiento “sería mejor no estar aquí”, estar cansado/a de luchar, sentir que no merece la pena volver a empezar o experimentar una nueva decepción de personas, trabajos, relaciones… Sentimientos de desesperanza y tristeza, más fuertes cuanto mayores expectativas se habían puesto en dichas personas, trabajos o relaciones. Los expertos coinciden en que hay un gran tabú con respecto al suicidio. ¿No será el primer tabú a superar, precisamente, la imagen que esos mismos expertos exponen al abordar el tema como algo propio de enfermos mentales, trastornados, depresivos o personas con graves problemas sociales o económicos? El pensamiento suicida no es más que un pensamiento normal que cualquier persona tiene en su imaginario de lo posible porque sus capacidades cerebrales se lo permiten. ¿Quién no ha tenido un amigo/a que nos haya contado que lo pensó?

El objetivo de escribir hoy es para cambiar el foco de atención de lo que, hasta ahora, han sido datos típicos de referencia sobre el tema del suicidio. Que nos digan que es un problema que afecta más a hombres mayores de 60 años viudos que a mujeres ¿ayuda eso a quien está pensando que no merece la pena seguir vivo/a? Las dos últimas noticias en Murcia, sobre suicidio, fueron de mujeres más jóvenes. Que los expertos recomienden que se haga visible la problemática del suicidio para atender sus causas (también se recomienda que no se informe públicamente, por el efecto imitación), ¿en qué nos ayuda? Hablar de causas es un tiovivo sin fin, pues, como dice la canción, “nos sobran los motivos”. Cualquier cosa, para una persona, puede ser un obstáculo insalvable, mientras que, para otra persona, no. La persona, ¿es catalogada de depresiva, porque piensa suicidarse o piensa suicidarse, porque está depresiva?

Recordemos un concepto fundamental en educación y psicología: la asertividad. Podemos definirla como la habilidad para expresar pensamientos o sentimientos, así como poner límites a otras personas que intentan no respetarnos, con firmeza, pero sin agresividad.

¿Qué es auto-asertividad?

Casi siempre se habla de asertividad referida a los demás. Sin embargo, también podemos aplicarla a nosotros mismos: podemos esforzarnos en ser sinceros con nosotros, reconocer cuáles son nuestros verdaderos sentimientos y pensamientos, aprender a ponernos límites. Decir NO a nuestras tendencias que supongan faltas de respeto hacia nuestra integridad física, psicológica, espiritual o social. Sí, en esta época donde hay que recordar cómo decir NO (padres a hijos, parejas a relaciones maltratadoras, abusos en contratos, presiones de padres a hijos para estudios que no se desean, etc.), ser asertivo con uno mismo es un ejercicio de salud mental que nadie se preocupó de enseñarnos con palabras o actos. Quienes tuvieron la suerte de tener estas enseñanzas puede que jamás piensen en el suicidio. Quienes no, han tenido que construirse la entereza día a día.

Cuando alguien me ha contado que ha llegado a pensar en “quitarse de en medio”, no le he preguntado ¿por qué pensabas hacerlo? Mi pregunta ha sido: ¿Qué pasó que no lo hiciste?

Algunas de las respuestas fueron estas:

  1. Habría muerto sin ser escuchado, igual que ahora no me escuchan. Seguirían sin comprender qué quiero. Era inútil morir.

 

  1. Para mis padres era muy importante la imagen social. No habrían soportado esa llamada de atención.

 

  1. Mi marido me decía que no valía para nada, ni siquiera para suicidarme, porque lo intenté con pastillas, pero me llevaron al hospital. Ahora me he divorciado y no quiero darle la satisfacción de que piense que no puedo salir adelante sin él.

 

  1. El trabajo se me hacía insoportable, pero no sabía a dónde ir si lo dejaba. Y empecé a pensar en terminar con todo de golpe. Entonces llegó un jefe nuevo, una semana antes de presentar un informe de resultados. Cuando los compañeros comenzaron a criticar mi informe, como siempre hacían, él dijo que era el mejor informe sobre el tema que había visto nunca y me felicitó.

 

  1. Pensé que con el divorcio me sentiría totalmente libre, pero ha sido una libertad parcial. Tengo que seguir soportando las imposiciones de mi ex y trabajar mucho más, para llegar a fin de mes. Sin embargo, mi hijo me necesita hasta que sea independiente. Me levanto cada mañana por él.

 

  1. No lo hago porque tengo el convencimiento de que el espíritu no muere. Seguiría viendo y sintiendo igual, sin conseguir que me escuchen. Si no aprendo a superar estas dificultades puede que me toque vivir otras más graves.

 

  1. Mi familia se sentiría culpable, con un dolor irreparable, cuando yo solo quiero que me acepten como soy y tengan en cuenta mi opinión.

 

La OMS estima en 800.000 las vidas que se cobra anualmente el suicidio. El Instituto Nacional de Estadística mantiene al suicidio como la principal causa externa de muerte 3.569 fallecimientos. El Observatorio del suicidio en España publica un informe donde calcula que los suicidios son el doble de fallecimientos que los accidentes de tráfico y 80 veces más que por violencia de género.

La cuestión ahora es: ¿Cuáles serían las cifras de auto-asertividad, donde personas que lo pensaron no lo hicieron? ¿Ayudaría a otros conocerlas? ¿Podemos empezar a hablar a favor de la auto-asertividad?

Mercedes Matás-Castillo

¿QUÉ TE SALVÓ?

NECESITAMOS MODELOS POSITIVOS COMO TÚ. CUÉNTANOS.

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