EDUQUEMOS EN LA DENUNCIA Y ACABAREMOS TODOS EXPULSADOS

RESUMEN: Educar en convivencia escolar implica el conocimiento de la realidad de ese particular contexto. Nuestros hijos y alumnos están de forma obligatoria conviviendo durante años con muchas personas entre las que pasan gran parte de las horas del día. Procurar un entorno seguro y positivo para ellos tiene más que ver con educar en democracia, objetividad, empatía y compromiso con las buenas acciones, que con listados de faltas, castigos y denuncias que deben quedar para las situaciones más graves e inevitables.

 

TEXTO:

Llevamos el castigo grabado a fuego. En los dos últimos Institutos de Secundaria que visité para explicar en qué consistía la filosofía de la mediación en los colegios, los chicos y chicas adolescentes me respondieron con el mismo escepticismo: “Eso no funciona. Nadie va a querer hablar ni reconocer que ha hecho algo. Hay que castigar. Si no hay castigo, los malos quedan impunes”.

Yo les lanzaba preguntas reflexivas, para ver si, en sus jóvenes mentes, se abría la posibilidad del cambio: «¿Realmente creéis que no sirve de nada que alguien se comprometa a hacer algo bueno por otro alguien de manera que se repare el daño? ¿Creéis que es más útil para la víctima que quien le ha molestado esté tres días fuera del colegio? ¿Le repara verdaderamente eso? ¿Y qué pasa después, cuando vuelve? ¿Qué se ha solucionado?»

Los estudiantes reconocían que no se solucionaba nada después, pero así, al menos, había un castigo. ¿Es eso educación en convivencia? Mi lema de “No buscamos culpables, buscamos soluciones” no pareció calar en sus ánimos ávidos de castigos para “los malos”. Seguimos sin avanzar del esquema del bien y del mal, sin preocuparnos de educar en las circunstancias, la empatía y los compromisos reparadores. ¿Queda todo eso para unos estúpidos idealistas entre los que me incluyo?

Sin embargo, en mis observaciones descubro que los profesores agotan las estrategias y energías buscando a los culpables que, normalmente, no salen a la pregunta de «¿Quién ha sido?» Pregunta inevitablemente seguida de un “si no sale el culpable, todos castigados”, en un no entiendo en qué exitoso recurso de castigar a todos los inocentes para “no fallar”. Pésima educación en el Estado de Derecho, donde se prefiere (o eso dice la ley) que un culpable esté en la calle antes de que haya un inocente en prisión. Ley, por cierto, excluida de la escuela por la fuerza de la costumbre.

Mi experiencia, al contrario de esta costumbre, me demuestra una y otra vez que los niños y jóvenes son capaces de hablar de los hechos cuando se tratan como hechos, no como acusaciones. Que son capaces de reconocer qué han hecho o visto cuando se trata de compartir opiniones, experiencias y datos. Que son capaces de entender la filosofía de la solución dando alternativas de comportamientos y comprometiéndose eficazmente en la resolución de los conflictos y la reparación de las personas.

Tal vez resulte difícil de creer tal realidad, pero os aseguro que los ejemplos son de carne y hueso, no fruto de mi idealista imaginación. Entiendo el escepticismo de mis últimos visitados cuando he leído la noticia de la normativa que se quiere implantar para el 2020 en Madrid. Claro, lo siguiente a «si no sale el culpable, todos castigados» es castigar a quien no dice quién es el culpable. Bonita educación. Aunque, con ese razonamiento, ¿quién, en la vida adulta, no se encuentra a diario con situaciones para denunciar? ¿Quién no ha recibido molestias de otro o ha visto que a otro lo molestaban? ¿Quién no ha visto a padres agrediendo a sus hijos o a hijos agrediendo a sus padres? ¿Quién no ha sabido “desde siempre” que en tal o cual casa de mis vecinos el marido pegaba a la mujer “de vez en cuando”? ¿Quién no ha visto insultos o burlas por la calle?

¿Y quién fue corriendo a denunciar o cogió el teléfono para dar la voz de alarma? ¿Cómo exigimos a los jóvenes que hagan algo que los adultos no hacemos? ¿Y qué pasa si el alumno o alumna denuncia y es el profesor o profesora quien decide que eso “no tiene importancia” o “no es así como el alumno lo dice”? ¿Qué recibimiento le espera entonces al «denunciante» entre sus compañeros?

La solución ha de ser otra. Los criterios educativos no pueden ser tan inconsistentes como “que sean los centros quienes determinen la gravedad de las conductas y las medidas a adoptar”, como dice el artículo. No se trata de «dejar impunes», sino de cambiar hacia la cultura del respeto y la responsabilidad solidaria por convencimiento, en vez de por castigo. Si las normas de nuestros dirigentes se dirigen a estimular la denuncia, tengamos cuidado, pues pronto acabaremos todos expulsados…, aunque no sepamos muy bien de qué.

MOTIVACIÓN ESCOLAR, MEDIACIÓN Y APRENDIZAJE

RESUMEN: La capacidad de motivación es una característica fundamental de una buena inteligencia emocional. Como toda capacidad ha de ser desarrollada en el individuo y el grupo para hacerse realidad. La desmotivación en la escuela ¿es una plaga de esta época o una consecuencia de la falta de uso de las herramientas adecuadas? La mediación es un conocimiento poderoso a favor de la comunicación. ¿Se sabe emplear adecuadamente en las aulas? ¿Cómo se puede aprender?

 

TEXTO:

Somos aquello que nos es dado por la genética, la naturaleza o la evolución. Y también cuanto podemos construir, a través del aprendizaje, la educación y el empeño. A esto último llamamos motivación. La capacidad de motivación es una de las características fundamentales de una buena inteligencia emocional. Es generalizada la queja de padres y profesores a quienes resulta cada vez más difícil conseguir que sus hijos o alumnos se “motiven” para el estudio. ¿Cuánto de responsabilidad tiene en ello nuestras actitudes hacia los niños y adolescentes? ¿Sabemos escucharlos con el corazón? ¿O solo escuchamos nuestra propia desmotivación hacia el cambio de estrategias?

Los resultados de un estudio llevado a cabo en 1925 por la doctora Elizabeth Hurlock, debían haber revolucionado el sistema educativo, tanto en la familia como en la escuela y en el trabajo (En Rath, T. y Clifton, D., 2007). Sin embargo, el estudio pasó desapercibido durante décadas y casi nadie se fijó en los efectos del refuerzo positivo. Hurlock quería determinar si era más eficaz elogiar, criticar o ignorar a los estudiantes en la obtención de la cantidad de problemas de matemáticas resueltos al cabo de dos, tres, cuatro y cinco días. Distribuidos en cuatro grupos, a un grupo se les alababan los resultados delante de toda la clase, a un segundo grupo se les criticaba por su falta de logro, al tercer grupo se le ignoraba por completo, aunque escuchaban las alabanzas y las críticas a los demás. Un cuarto grupo de control fue trasladado a otra aula después del primer examen. Los elogiados y los censurados mejoraron sus resultados después del primer día, pero después los estudiantes elogiados mostraron una notable mejoría que se mantuvo a lo largo de toda la investigación mientras que los criticados descendieron a un nivel levemente por encima de los ignorados. Los avances totales por grupos fueron:

  • Elogiados 71%
  • Criticados 19%
  • Ignorados 5%

 

Actualmente, cada vez más se está difundiendo en los centros escolares la mediación. La mediación es una herramienta de comunicación muy poderosa, pero ¿sabemos utilizarla adecuadamente en el contexto escolar?

 

La mediación en la escuela no puede convertirse en un traslado de conceptos, estructura de poder, esquemas protocolarios rígidos y jurídicos de los adultos. Ni puede limitarse a acudir a una cita, para atender la pelea entre dos compañeros y procurar que se pidan perdón y digan que ya se van a portar bien. Ni solamente existen conflictos entre iguales (niños) en los colegios. En la escuela o el instituto, estamos ante continuas interacciones grupales entre personas de diferentes edades, responsabilidades, circunstancias y culturas. Necesitamos estimular el lenguaje común de colaboración, para la consecución del objetivo de la convivencia pacífica. Tal cosa no es posible sin motivar, para que todos den lo mejor de sí mismos.

 

Ismael tiene diez años. Él y tres alumnos más de su clase fueron los únicos que hicieron todos los ejercicios propuestos por su profesora para las vacaciones de Navidad. Ismael pasó dos horas, todas las mañanas de las fiestas, dedicado al trabajo. A la vuelta de vacaciones, la maestra, desmotivada ante la pasividad general de sus alumnos, da por anulada la petición de los ejercicios y los cuatro niños y niñas que habían hecho toda la tarea quedan como “pringados” por trabajar “de más”. Ismael llegó con un enfado terrible a casa. Había hecho el ridículo ante los compañeros y había perdido el tiempo de sus vacaciones. El único aprendizaje obtenido es que no vale la pena esforzarse.

La actuación de la profesora debía haber ido encaminada a reforzar con atención y alegría, a los escasos alumnos que habían hecho el trabajo. No hubiese estado de más darles algún punto positivo en las notas; algún escrito de orgullo para los padres en las agendas y… hacerlos protagonistas ante al grupo por su responsabilidad. ¿Cómo? En una escuela comprometida con la mediación como herramienta de diálogo, democracia y búsqueda de soluciones positivas a necesidades, esta es una de los millones de ocasiones en que su utilidad se pone de manifiesto.

–          La necesidad de la clase es que todos los compañeros realicen la tarea pendiente.

–          Ismael y los otros tres compañeros responsables actúan como mediadores del día.

–          Se promueve el diálogo para que los niños expresen los motivos de no haber hecho el trabajo y también, especialmente, para que den ideas sobre cómo comprometerse, en un nuevo plazo, a realizar la tarea incompleta.

–          Las ideas que acuerdan entre todos son escritas, firmadas y expuestas en clase, hasta su total cumplimiento.

 

Ismael y los tres compañeros responsables sienten que el esfuerzo tiene su recompensa, que en su clase son reales la justicia y la democracia, y que el trabajo es un valor compartido. El aula cobra nueva vida con unos pequeños cambios, y el futuro de nuestra sociedad puede que también.

Mercedes Matás-Castillo

 

¿MEDIACIÓN CON SANGRE ENTRA?

SECCIÓN: DE PSICÓLOGA A JURISTA Y VICEVERSA

RESUMEN

Mediación sí, desde la Cultura de la Paz y el aprendizaje, desde pequeños, en la escucha al otro y la búsqueda conjunta de soluciones racionales y creativas. Mediación sí, desde la apertura a que todos los ciudadanos tenemos derecho a ser educados para comunicarnos mejor. Como decía Dale Carnegie “La mejor manera de que una persona haga algo, es que quiera realmente hacerlo”.

 

TEXTO

Como era de esperar, la obligatoriedad a una información y exploración en mediación ha desatado las iras de los propios juristas debido a las múltiples dudas prácticas y teóricas que plantea. La mediación no puede ser entendida como un trámite para descongestionar los pleitos del Juzgado. Ese sería un efecto secundario positivo, si la población estuviera educada en resolver sus asuntos, a través del diálogo y la búsqueda, racional y creativa, de alternativas de solución.

Se nombra expresamente el Grado de Derecho como el principal para poner una asignatura obligatoria de mediación. Y luego, residualmente, “otras”. ¿Por qué Derecho es el principal Grado que lo merece? Si en la Exposición de Motivos se justifica la necesidad del “impulso” a la mediación por “falta de cultura” de la población en la materia, ¿No será la Educación el Grado principal en el que haya que asentarla? ¿No es en los Colegios, Institutos y Universidades donde aprendemos la cultura? ¿Y por qué no en los Museos, las Fiestas, los Conciertos, el Teatro o el Cine? ¿Quién va a los Juzgados a aprender cultura? ¿Y por qué no en todos los Grados? ¿Acaso hay alguna profesión que no tenga diferencias entre sus personas? ¿O solo se divorcian y tienen problemas con la tubería del vecino, o con la herencia de sus hermanos quienes estudian Derecho?

Y si no quieres ir a mediación, o tu abogado/a no quiere que vayas —aun cuando existe la posibilidad de sesiones por separado sin verse las partes, cosa que hay mucha gente que no sabe—, la exclusión rotunda de la violencia de género ¿nos abona el campo para aumentar las denuncias falsas?

 

Si en los Juzgados se aprendiera Cultura de Paz (¿No es esa la filosofía de la mediación?), los abogados, fiscales, jueces y letrados de la Administración de la Justicia enseñarían, por ejemplo, la diferencia entre estos conceptos:

–       Apoyas a un hijo o hija que se está divorciando, cuando puedes recoger al niño/a del colegio, porque el padre/madre salen una hora más tarde que del trabajo. Apoyas cuando puedes pasar una mañana con el niño, porque está enfermo. Apoyas cuando escuchas pacientemente un día de bajón. Apoyas cuando ofreces ayuda de tiempo o económica, para que acudan a sistemas pacíficos para organizar los cambios de convivencia.

–       Te pones de parte, cuando cierras filas para conseguir el máximo beneficio (cada uno decide para quién) del divorcio contencioso, donde los abogados se encargan de “pedir la custodia exclusiva diciendo que el niño quiere estar con nosotros y que somos mejores padres que el otro/a … para que me den la compartida que es lo que realmente queremos”. Por supuesto, sin valorar si esa custodia compartida o esa exclusiva son coherentes con la realidad de esos hijos y esos padres en concreto.

–       Haces daño directo a tus hijos o tus nietos, cuando verbal, gestualmente o por mensajes desprecias, criticas, juzgas opiniones o hechos del otro progenitor, miras con asco la ropa que ha traído comprada por el otro, pagas a la/el abogada/o más belicoso para defender el pleito y todo ello enterándose los menores, porque se les tiene informados al detalle de todo lo malo que hace el otro 50% de sus genes.

 

Que yo sepa, nadie explica eso con pizarra y/o TICs en el Juzgado. Tampoco es esa la labor del mediador, pues, aunque puede ayudar a las partes a reflexionar, a través de preguntas, no está para explicar ciencia ni conceptos.

 

La enseñanza tiene ese espacio abierto muchos años antes de que se plantee la posibilidad de ir a un contencioso o a una mediación. Enseñar COMUNICACIÓN PACÍFICA Y POSITIVA y su repercusión a nivel de rendimiento, salud, emocionalidad o relaciones con los demás ES TAREA DESDE LA ESCUELA, como la geografía, las matemáticas o el inglés ¿o solo estudia inglés quien hace filología inglesa?

                                    Jardines en Oxford University

Johan Galtung, distingue entre violencia directa, estructural y cultural. La primera es la más evidente: golpes, gritos, humillaciones. La segunda es la desatención a necesidades importantes de la persona (supervivencia, bienestar, identidad, autoestima o libertad) sin necesidad de violencia directa. Ante un conflicto, el reparto o acceso a los recursos es resuelto a favor de una parte en perjuicio de las demás, en base a diferencias de género, clase social, etnia, nacionalidad, edad, profesión…

La tercera, la cultural, legaliza, sostiene, justifica y generaliza las dos anteriores.

Desde la escuela, podemos enseñar la historia de los acuerdos y sus efectos, como en Sudáfrica, y no solo la sucesión de guerras. La violencia cultural fomenta la difusión de posturas fanáticas en todos los órdenes de la vida y lo justifica, porque “aunque ahora no lo entiendas, es lo mejor para ti”. ¿Acaso en eso pensaba el legislador al querer “impulsar” la mediación?

 

Mercedes Matás-Castillo

EDUCACIÓN VERSUS DENUNCIAS

SECCIÓN: DE PSICÓLOGA A JURISTA Y VICEVERSA

RESUMEN: Asistimos a un debate interminable sobre violencia, delito, maltrato, mujeres, hombres, sufrimiento, mentiras y otros «deslogros» sociales. Y todo ello, con la tozuda costumbre de acudir a las denuncias y los pleitos como único recurso. Hemos aprendido el camino al Juzgado, al enfrentamiento, al yo tengo razón y tú estás equivocado. ¿No hay alternativa?

 

TEXTO

Los discursos se enrocan dicotómicamente. A veces, hablamos de lo mismo y ni nos damos cuenta. A todos nos espanta la violencia sobre la mujer y nos indigna que se denuncie a hombres inocentes. Sin embargo, utilizamos conceptos y cifras sin entenderlas, y confundimos a las personas de a pie que creen, con literalidad, la versión de quien da la razón a sus emociones más enconadas, sin matiz ni argumento.

Las cifras saltan en las noticias sin más explicación: Si la fiscalía dice que solo el 0,01% de las denuncias de violencia de género son denuncias falsas, otros remarcan que, desde 2007, se presentan más de un millón de denuncias y sólo hay 200.000 condenatorias. Hay quien cataloga directamente como denuncias “falsas” la diferencia, sin advertir que las condenas penales no abarcan toda la gama de “faltas de respeto” que se pueden dar en una relación interpersonal.

 

Entre el respeto equilibrado o el diálogo igualitario y el delito penal, hay una larga línea de comportamientos, actitudes, tradiciones y hábitos incorporados en la vida cotidiana que puede ser inmensa.

RESPETO                                                                                         DELITO

 

Algo que no cumpla exactamente las características tipificadas por las leyes como delito, normalmente, no obtendrá una sentencia condenatoria por el poder judicial. Pero eso no significa que sea una conducta respetuosa, aceptable, equilibrada y adecuada entre personas. Empieza a haber faltas de respeto mucho antes de que haya un delito. Dichas faltas de respeto no son punibles ni deben serlo, porque se colapsaría la justicia pública que está para los supuestos más graves. El problema surge, terrible, por los movimientos sociales a los que asistimos en España, actualmente, cuando un comportamiento no se considera delito, pero tampoco es respetuoso. En el caso de la violencia de género, la mujer entiende la falta de condena como injusticia, porque no eran “falsas” las conductas que contaba y también era real el sufrimiento, el miedo y la necesidad de alejarse de esa situación. Por su parte, el hombre lo entiende como que ha sido injustamente vilipendiado con una denuncia falsa y cree que su comportamiento es perfectamente correcto, porque “el juez no lo ha condenado”.

Ambas creencias son erróneas. Todo se agrava si los o las abogados/as defensores cargan las tintas en contra de la otra parte, sin atender al derecho de sus clientes a buscar alternativas al pleito, como se recoge en el Código Deontológico de la Abogacía (art. 13. Apartado 9, letra e) y sin explicarles unas expectativas realistas de los posibles resultados del juicio. Con esta actitud incendiaria, la defensa se convierte en el peor enemigo del cliente y el cliente acaba en un mar de frustración (si pierde, incomprensiblemente para él/ella) o de empoderamiento absurdo (si gana, con una sentencia absolutoria) al impedirle reflexionar sobre qué está haciendo mal y qué es necesario cambiar en su comportamiento.

 

Todo resultaría más fácil si en vez de un debate antagonista sobre géneros, leyes, intereses económicos de subvenciones y dicotomías irreconciliables, dedicásemos recursos y esfuerzos a EDUCAR en el respeto, sin etiquetas de maltratadores y víctimas, desde la base de qué favorece el correcto trato entre las personas y qué no. Nos sería más fácil identificar una falta de respeto y corregirla desde su inicio. La población estaría más preparada para superar trayectorias culturales de desequilibrio que no pueden cambiar a golpe de ley radical ni de manifestaciones radicales por el otro extremo, en contra de esa misma ley.

 

El gran sistematizador de la violencia, Johan Galtung, aclara porqué la paz no es solo la ausencia de guerra. Del mismo modo, podemos entender que el respeto entre hombres y mujeres no es solo la ausencia de delito. Hay un largo camino que enseñar por en medio. Lo explicaremos en detalle la próxima semana.

Mercedes Matás-Castillo

ENTREVISTA A MARÍA JOSÉ INIESTA SOLANO

MARÍA JOSÉ INIESTA SOLANO, Trabajadora Social.

TALENTO Y CONSTANCIA ANTE LOS OBSTÁCULOS

Entrevistamos a María José, en materia de trabajo social y teatro.

E: Mª José ha sido siempre una luchadora por el bienestar y la defensa de los derechos de las personas con diversidad funcional. Predicó en casa con el ejemplo y obtuvo una sentencia a favor del reconocimiento del pago de una prestación para su hermano Rafael. ¿Cómo recuerdas aquel procedimiento contencioso-administrativo?

MJ: Toda una odisea. Eso sí, fuimos al contencioso con la seguridad de que todo estaba bien hecho por nuestra parte: cumplimos los plazos legales y era de justicia total que nos dieran la razón. Hubo un despropósito con los cómputos de los pagos que le correspondían a mi hermano (tiene un 91% de discapacidad), y no podía quedar así. Todo comenzó porque él estaba recibiendo una prestación de cuidados en el entorno. Solicitamos que se le concediera el servicio de residencia y éste le fue concedido al año de su solicitud, pero renunció al mismo en tiempo y forma por motivos de salud, lo cual suponía que al no entrar en vigor el servicio de residencia el IMAS, de oficio, debía restablecer la primera prestación, pero no lo hace. En 2014, dos años después, querían considerarla como una nueva solicitud y no pagar los atrasos de todo ese tiempo desde la renuncia, que era desde cuando correspondía. Tras el juicio nos dieron todos los atrasos.

E: ¿Qué papel crees que tendría la mediación en casos como estos?

MJ: El mundo de la dependencia tiene una desprotección absoluta. Que yo sepa, no funciona, porque la administración tiene potestad absoluta y utiliza el silencio administrativo en negativo con mucha alegría, te hace que vayas al contencioso casi siempre. Sin ir más lejos, en tema de baremos de oposiciones, cada administración pública puede considerar qué cuenta y qué no, existiendo diferencias entre ellas perteneciendo a la misma Comunidad Autónoma, me refiero al Servicio Murciano de Salud y la CARM, por ejemplo.

E: ¿Y en otras materias típicas de la labor del trabajador social?

MJ: En otros temas sí, dado el gran espectro de ámbitos y funciones que las/los trabajadores sociales abarcamos y realizamos. Por ejemplo, a nivel de relaciones intergeneracionales padres-hijos, y todo tipo de casos de intervención familiar (divorcios y sus consecuencias en custodia de los menores a cargo, violencia de género, violencia intergeneracional …), sanitaria, prisiones, centros de educación especial. También en el ámbito de las personas mayores, casi un tercio de nuestra población, cuyas enfermedades y edades avanzadas hacen que las relaciones familiares, a veces, se debiliten, se rompan o los hijos entren en conflicto; hacia la Fundación Murciana para la Tutela y Defensa Judicial de Adultos, con el objeto de proteger a estas personas y que alguien vele por sus derechos. Ahí sí sería necesaria una educación hacia la mediación.

 E: Mª José también desarrolla una importante faceta artística en su vida. ¿Qué ventajas tiene el teatro sobre otras artes?

MJ: El teatro es muy completo. Interpretas, hay acción, música. En el cine se pueden cortar planos, pero el teatro es más arriesgado, imprevisible, puede salir bien o no. Lo que ocurre es que cuando sale bien y el público responde, es una satisfacción magnífica ese contacto, ese calor de tener la gente al lado. Es algo que causa amabilidad en mi emoción. Nada es comparable.

E: ¿Cuál crees que debería ser el papel del teatro en la educación?

MJ: Siempre ha habido mentes que pensaban que enseñar teatro era importante. Su papel en la educación debería ser del 150%. Que los chicos tengan la oportunidad de inventar personajes, interpretarlos, sentirlos… es fabuloso. En este país se obvia esta rama. Yo la pondría como asignatura, aunque fuera optativa. Crea grupo, estimula la creatividad, la lectura en voz alta, el pensamiento crítico, la empatía, al saber qué siente otra persona, si se intercambian los papeles, por ejemplo, de agresor y víctima. Se ponen de manifiesto diferencias, pero con objetivos comunes, ya que el teatro tiene la responsabilidad de que el trabajo de cada uno repercute en los otros.

Además, en los colegios se daría entrada a profesionales que han estudiado dirección y Arte Dramático, gente y talento que, normalmente, acaban de monitores en talleres municipales. Desde luego, el partido que incluya poner teatro en los colegios, ¡¡tiene mi voto!!

 

La vida y trabajo de María José (Masé Solano en la escena) darían para escribir muchas páginas con un sinfín de matices, personajes y reveses de la vida a la vuelta de la esquina. De una familia numerosa con dificultades para salir adelante, Masé destacó por su curiosidad hacia el estudio y la pasión por la cultura. Su buen humor, su constancia y su capacidad estratégica para entender los entresijos de las leyes o controlar los procedimientos hacen posible que muchas personas se beneficien de derechos que, la mayoría de las veces, desconocemos que tenemos.

¡Muchas Gracias, María José!

AVANCES EN LA MEDIACIÓN CONTENCIOSO-ADMINISTRATIVA

ENTREVISTA A ANA CRIADO INCHAUSPÉ

ANA CRIADO INCHAUSPÉ, Analista y gestora de conflictos.

A FAVOR DE SEPARACIONES PACÍFICAS

Presidenta y fundadora de la Asociación Madrileña de Mediadores. Formadora de mediadores familiares en Mediación Familiar Internacional. Abogada de familia SOLO en casos de mutuo acuerdo.

 

Entrevistamos a Ana en relación a su experiencia como mediadora.

Nos recibe por Skype, desde su despacho, recién terminada una sesión de mediación. Ana Criado es una mujer de movimientos rápidos, hablar fluido y sonrisa iluminadora.

E: Según decimos los psicólogos, la inteligencia y el pensamiento maduros se expresan por la capacidad de adaptación a los cambios. ¿Cuáles son los mayores cambios a los que Ana se ha enfrentado y cómo ha madurado tu persona con ellos?

A: Personalmente, fue un gran cambio ser madre. Tengo dos hijos de 16 y 14 años. Aprendo de ellos cada día, revivo cosas del pasado, y me encanta.

Descubrir la mediación me hizo ser otra persona, más reflexiva, porque soy bastante impulsiva y visceral. Aprendes a separar las personas del problema, entiendes que lo que se siente es pura emoción y no el problema realmente. Con cada caso, cada día, aprendes mucho. En el fondo, te nutres de sus experiencias y sabiduría y captas otras percepciones de ver el conflicto. Te das cuenta de lo pequeños que somos todos. Aprendes a valorar las cosas de cada día.

Otro cambio fue mi divorcio, hace cinco años. Cambia la perspectiva, a la hora de hacer las mediaciones. Por ejemplo, no entiendo que la gente se grite. Tenemos una custodia compartida y he recuperado tiempo y espacio para descubrirme a mí misma, para conocerme. Hago coaching, talleres de crecimiento personal, etc.

E: ¿Cómo conociste la mediación y qué te impulsó a dedicarte a ella?

A: Descubrí la mediación por casualidad. Trabajaba en una notaría y estaba de baja por maternidad de mi segundo hijo. Mi madre es del País Vasco francés. Íbamos en coche a Francia, imagínate el panorama (ríe abiertamente): Yo dando el pecho a un bebé, una niña de dos años y medio, mi padre con Alzheimer y mi madre. Todos en la carretera. En la estancia en Francia, una prima me dijo que estaba haciendo mediación y pensé “¡qué maravilla! Seguro que en España esto no existe”. Un día, en el Centro de Salud de Pozuelo de Alarcón vi folletos de un Centro de Mediación. Mi sorpresa fue mayúscula y busqué dónde poder aprenderlo. Finalmente, dejé la notaría para dedicarme a la mediación y creé la Asociación AMMI.

E: ¿Qué necesidades ves en la educación para que la mediación sea un lenguaje y una actitud normalizada? ¿Cómo está el panorama en Madrid a nivel de conocimiento por parte de la población?

A: En la Educación se debe hacer hincapié en la gestión de resolución de conflictos en general, educación emocional y todo tipo de alternativas de gestión pacífica. No limitarlo a la mediación, porque eso es muy restrictivo. La mediación sigue siendo una gran desconocida, también en Madrid. Yo me defino como analista de conflictos: veo los puntos débiles o flojos, para incidir en ellos. A veces, concilio, otras, negocio; unas veces soy más proactiva, otras, toca escuchar… Hablar de emociones en un despacho todavía está mal visto, desconcierta al profesional que mira el problema como algo exclusivamente legal. Pero sabemos que el problema no es la ordenanza ni la interpretación de lo que está escrito, sino que es todo emoción. Las mujeres se atreven más a expresar sentimientos, pero entre los hombres hay mucha reticencia.

 

E: Se ha hablado mucho de multidisciplinariedad en mediación, aunque parece más una afirmación sobre el papel que en la práctica. ¿Es posible la multidisciplinariedad? ¿Cómo lo organizáis en vuestra asociación?

A: Estoy a favor de la comediación, por el hecho de que cuatro ojos y cuatro oídos ven y escuchan más que dos. También medio sola, por diversas razones: Es difícil cuadrar agendas de cuatro personas. Es más rentable, económicamente, un solo mediador. A nivel internacional, también medio sola por la cuestión del idioma (Ana domina el español, francés e inglés). Aunque hay una escuela que establece que debe haber un mediador por cada país de los mediados. El problema entonces, si los dos mediadores no hablan los dos idiomas, es que se necesita traductor y todo se complica mucho más.

Personalmente, creo que no se es mejor mediador por ser abogado, psicólogo, trabajador social, notario o arquitecto. Creo que saber mediación te hace mejor abogado, psicólogo o arquitecto…

En la profesión de origen, cogemos vicios de perspectiva que pueden afectar a la mediación. Lo importante es saber ver a la persona, entender el concepto de emoción. Y la emoción no tiene profesión ¿Quién es el dueño de la emoción?

E: También parece que está de moda la anti-neutralidad. ¿Hay que eliminar el principio de neutralidad para poder ser mediadores “activos”, sinónimo de “más útiles”?

A: La neutralidad se refiere a que el mediador respete el acuerdo de las partes. Debe ser “su acuerdo”, no la opinión del mediador. Sin embargo, ¿cómo dejar de opinar? Eso es imposible. El mediador tendrá una opinión sobre los asuntos. El límite está en que esa opinión te influya a la hora de actuar en la mediación. Tal vez, no haya que eliminar la neutralidad, sino redefinirla, plantearla de otra manera. Hay que respetar los acuerdos de las partes teniendo en cuenta que no sea ilegal o de imposible cumplimiento. Pero aún siendo de imposible cumplimiento, por mucho que se le advierta o aconseje por los entendidos en el tema de que se trate, la gente hace lo que quiere, lo que le da la gana, al final. Da igual lo que le digan.

Me preocupa mucho más la imparcialidad, la toma de partido inconsciente por una de las partes, ya que, a veces, es inevitable tener más “feeling” con uno que con otro y tienes que frenarte. No creo en las Escuelas ni en los dogmas. La mediación es un mundo de grandes egos. La formación se ha encasillado mucho con todo esto y la mediación es innovar.

 

¡Muchas Gracias, Ana!

El jueves 22 de noviembre fue la GALA DE LOS PREMIOS de la Asociación Madrileña de Mediadores. FELICIDADES A TODOS LOS PREMIADOS Y A LA LABOR DE LA ASOCIACIÓN.

 

VÍDEO SOBRE SECUESTRO INTERNACIONAL. CASO OLIVIA ENCINAS.