¿LIBROS O TABLET?

¿LIBROS O TABLET?

RESUMEN: Fin de curso, tiempo de planificaciones para el siguiente. El debate sobre qué herramienta de estudio emplear con los alumnos queda abierto de nuevo. Unos profesores son partidarios de tablets y otros de libros. ¿Se eliminan los libros de las aulas porque hay que seguir «el ritmo de los tiempos»? ¿Se da la espalda al lenguaje en el que nuestros hijos han nacido? Los profesores discuten y los padres también quieren dar su opinión. La cuestión quizás pase por discutir menos y dar a libros y tablets su tiempo, función y revisión.

Es inteligente adaptarse a los tiempos. También lo es aprender a usar las herramientas que cada época proporciona a sus habitantes. La era de la información está repleta de posibilidades para quien abre su mente al mundo. Los recursos, desde la ventana global, resultan ilimitados. Tal vez, porque siempre lo hayan sido, aunque nos hayan educado en la sensación de la escasez y la autolimitación. Y esa perspectiva no hay más remedio que cambiarla.

La cuestión no es tanto si cambiamos la herramienta, sino si aprendemos el uso positivo de la misma, igual que deberíamos reflexionar sobre el uso que hemos hecho de la anterior.

Un libro es mucho más que una recogida de contenidos en un papel. Cualquier libro representa una puerta a mundos conocidos, desconocidos e ilimitados. Es un amigo que se afianza con el contacto, se transforma con las pasadas y te obliga a ser paciente para poder desgranar todo el mensaje que no alcanzaste en la primera lectura. Los libros de estudio deben ser pocos y con los mensajes claros sobre lo tratado. De escritura impecable, bien estructurados. Las fotos y los colores deben reducirse a la mínima expresión: que sirvan para realzar la idea principal del texto, sean un apoyo, no un distractor. El libro de texto ideal debería conectar materias, no considerarlas cajones estancos separados e inamovibles: las matemáticas hacen referencia a la física, esta a la historia o la filosofía que a su vez conecta con el lenguaje, los idiomas, la ética o las artes. El peso ha de ser ligero y no más de tres libros de texto por curso para, eso sí, estudiarlos y trabajarlos de principio a fin al máximo.

La cuestión es que se ha degenerado la forma y la función de los libros: hay demasiados en número por curso; con materias desconectadas; con exceso de distractores; donde año tras año queda un porcentaje de sus contenidos sin dar, desaprovechando su razón de ser. Pesan una barbaridad, lo cual resulta perjudicial para las espaldas y posturas de nuestros hijos que deben cargar con unas mochilas plomizas cada día.

Ante tales desventajas, el uso de la tecnología ofrece una alternativa de poco peso y mucha información, al alcance de un solo dedo. Sin embargo, las herramientas han de ser complementarias, no sustitutivas. Un libro enseña, además de sus contenidos, a calmar la atención, gracias a su condición de quieto. La mente se abre a la imaginación cuando le permiten la quietud, no ante el continuo movimiento. Un libro es un integrador de sentidos: vista, tacto, olfato. Una Tablet estimula lo visual y ayuda con el sentido auditivo que falta. Juntos favorecen la fijación del aprendizaje y la memoria. Pero no cometamos el error de creer que los niños van a aprender a hacer problemas de matemáticas viendo un vídeo, sin pararse a descifrar el mensaje del enunciado, sin hacer un análisis de información relevante e irrelevante, sin ordenar qué datos me dan y cuáles piden. Para ello, necesitamos tomar contacto con la escritura y la lectura, eliminar los distractores y abrir las asociaciones de nuestra personal imaginación. No perdamos aquello que nos mejora. Simplemente, hagámoslo más eficaz y divertido.

Ejercicios que más activan nuestro cerebro, según RYUTA KAWASHIMA

Leer en voz alta.

Resolver cálculos sencillos rápidos.

Escribir a mano.

MOTIVACIÓN ESCOLAR, MEDIACIÓN Y APRENDIZAJE

RESUMEN: La capacidad de motivación es una característica fundamental de una buena inteligencia emocional. Como toda capacidad ha de ser desarrollada en el individuo y el grupo para hacerse realidad. La desmotivación en la escuela ¿es una plaga de esta época o una consecuencia de la falta de uso de las herramientas adecuadas? La mediación es un conocimiento poderoso a favor de la comunicación. ¿Se sabe emplear adecuadamente en las aulas? ¿Cómo se puede aprender?

 

TEXTO:

Somos aquello que nos es dado por la genética, la naturaleza o la evolución. Y también cuanto podemos construir, a través del aprendizaje, la educación y el empeño. A esto último llamamos motivación. La capacidad de motivación es una de las características fundamentales de una buena inteligencia emocional. Es generalizada la queja de padres y profesores a quienes resulta cada vez más difícil conseguir que sus hijos o alumnos se “motiven” para el estudio. ¿Cuánto de responsabilidad tiene en ello nuestras actitudes hacia los niños y adolescentes? ¿Sabemos escucharlos con el corazón? ¿O solo escuchamos nuestra propia desmotivación hacia el cambio de estrategias?

Los resultados de un estudio llevado a cabo en 1925 por la doctora Elizabeth Hurlock, debían haber revolucionado el sistema educativo, tanto en la familia como en la escuela y en el trabajo (En Rath, T. y Clifton, D., 2007). Sin embargo, el estudio pasó desapercibido durante décadas y casi nadie se fijó en los efectos del refuerzo positivo. Hurlock quería determinar si era más eficaz elogiar, criticar o ignorar a los estudiantes en la obtención de la cantidad de problemas de matemáticas resueltos al cabo de dos, tres, cuatro y cinco días. Distribuidos en cuatro grupos, a un grupo se les alababan los resultados delante de toda la clase, a un segundo grupo se les criticaba por su falta de logro, al tercer grupo se le ignoraba por completo, aunque escuchaban las alabanzas y las críticas a los demás. Un cuarto grupo de control fue trasladado a otra aula después del primer examen. Los elogiados y los censurados mejoraron sus resultados después del primer día, pero después los estudiantes elogiados mostraron una notable mejoría que se mantuvo a lo largo de toda la investigación mientras que los criticados descendieron a un nivel levemente por encima de los ignorados. Los avances totales por grupos fueron:

  • Elogiados 71%
  • Criticados 19%
  • Ignorados 5%

 

Actualmente, cada vez más se está difundiendo en los centros escolares la mediación. La mediación es una herramienta de comunicación muy poderosa, pero ¿sabemos utilizarla adecuadamente en el contexto escolar?

 

La mediación en la escuela no puede convertirse en un traslado de conceptos, estructura de poder, esquemas protocolarios rígidos y jurídicos de los adultos. Ni puede limitarse a acudir a una cita, para atender la pelea entre dos compañeros y procurar que se pidan perdón y digan que ya se van a portar bien. Ni solamente existen conflictos entre iguales (niños) en los colegios. En la escuela o el instituto, estamos ante continuas interacciones grupales entre personas de diferentes edades, responsabilidades, circunstancias y culturas. Necesitamos estimular el lenguaje común de colaboración, para la consecución del objetivo de la convivencia pacífica. Tal cosa no es posible sin motivar, para que todos den lo mejor de sí mismos.

 

Ismael tiene diez años. Él y tres alumnos más de su clase fueron los únicos que hicieron todos los ejercicios propuestos por su profesora para las vacaciones de Navidad. Ismael pasó dos horas, todas las mañanas de las fiestas, dedicado al trabajo. A la vuelta de vacaciones, la maestra, desmotivada ante la pasividad general de sus alumnos, da por anulada la petición de los ejercicios y los cuatro niños y niñas que habían hecho toda la tarea quedan como “pringados” por trabajar “de más”. Ismael llegó con un enfado terrible a casa. Había hecho el ridículo ante los compañeros y había perdido el tiempo de sus vacaciones. El único aprendizaje obtenido es que no vale la pena esforzarse.

La actuación de la profesora debía haber ido encaminada a reforzar con atención y alegría, a los escasos alumnos que habían hecho el trabajo. No hubiese estado de más darles algún punto positivo en las notas; algún escrito de orgullo para los padres en las agendas y… hacerlos protagonistas ante al grupo por su responsabilidad. ¿Cómo? En una escuela comprometida con la mediación como herramienta de diálogo, democracia y búsqueda de soluciones positivas a necesidades, esta es una de los millones de ocasiones en que su utilidad se pone de manifiesto.

–          La necesidad de la clase es que todos los compañeros realicen la tarea pendiente.

–          Ismael y los otros tres compañeros responsables actúan como mediadores del día.

–          Se promueve el diálogo para que los niños expresen los motivos de no haber hecho el trabajo y también, especialmente, para que den ideas sobre cómo comprometerse, en un nuevo plazo, a realizar la tarea incompleta.

–          Las ideas que acuerdan entre todos son escritas, firmadas y expuestas en clase, hasta su total cumplimiento.

 

Ismael y los tres compañeros responsables sienten que el esfuerzo tiene su recompensa, que en su clase son reales la justicia y la democracia, y que el trabajo es un valor compartido. El aula cobra nueva vida con unos pequeños cambios, y el futuro de nuestra sociedad puede que también.

Mercedes Matás-Castillo

 

DENTRO DE 30 AÑOS

RESUMEN: Funcionamos captando e imitando intenciones del otro. Despertar la empatía o la insensibilidad depende del foco de atención con el cual educamos, diseñamos publicidad, política o sistemas morales y éticos. En el estudio del fenómeno de la violencia escolar es especialmente necesario replantear los modelos hacia una difusión positiva.

TEXTO

1996, Parma. El equipo de trabajo de G. Rizzolatti descubre la existencia de las neuronas espejo. Este descubrimiento se considera en importancia para la neurociencia como el ADN lo ha sido a la biología: tenemos abierto el código de funcionamiento de las relaciones interpersonales, a través de un prelenguaje imitatorio que compartimos con otras muchas especies de la naturaleza. No leemos la mente, sino que hacemos un proceso, donde comunicamos intenciones y emociones para entrar en sintonía con otros.

Según Iacoboni (2012), este descubrimiento tendría que cambiar la manera de relacionarnos con los demás, la educación en las familias y en la escuela, la publicidad, las noticias, la política y hasta los sistemas morales y éticos. Reflejar violencia, maltrato, sufrimiento, activa fisiológicamente, llama la atención, hace visitar páginas y vende periódicos. La alarma de un posible mal nos moviliza. Y también extiende su “habitualidad”. De igual forma, los modelos positivos animan a la imitación, pero parecen menos visibles. Entre los descubrimientos científicos y su asentamiento en la cultura general de las sociedades existe un desfase de entre 40 y 50 años. El conocimiento de la neurona espejo es, por tanto, aún joven.

La alarma social ante la violencia escolar ha disparado la atención hacia su represión y detención sin que el detalle de comportamientos, actitudes y base cultural respetuosa y pacífica reciba la misma intensidad de reflejo. El último informe sobre epidemiología de la violencia y el acoso escolar del teléfono ANAR (2017), no revela un descenso de este fenómeno, sino un aumento:

                

1. Las víctimas sufren un número hechos violentos más duros.

2. Está más “normalizado”, se produce en más lugares: aulas, recreos y cambios de clase.

3. En 2017 hay más agresores varones que en períodos precedentes.

4. Hay menor apoyo hacia las víctimas por parte de amigos y compañeros. En general, se ha reducido a la mitad, por los peligros y consecuencias que pudiera entrañar.

5. En el acoso tradicional, 73% de directores o jefes de estudios y un 85% de profesores conocían la situación. En el ciberbullying, era conocido por un 56% de directores o jefes de estudios y un 81% de profesores. Sin embargo, los profesores no reaccionaron ante la violencia en el 48% de los casos de acoso y en un 34% de los casos de ciberbullying. Entre los profesores que sí reaccionan, sus actitudes son más diligentes y activas, hablan más con los agresores, las víctimas y las familias.

6. Alrededor de un 13% de las víctimas cambió de centro escolar debido al bullying y entre el 17% y el 20% recibe tratamiento psicológico.

7. Entre los menores de edad, un 34,2% no cuenta su caso a los padres/madres, lo que supone que un 10,9% del total de casos de acoso escolar no es conocido por los padres/madres.

Las dudas que surgen son: ¿hay más violencia o se denuncia más? ¿es un fenómeno de entorno escolar o se están manifestando modelos procedentes de las familias? ¿Qué papel juegan el consumo de alcohol, drogas o la pérdida de autoridad de los adultos? ¿Por qué hay tantas escenas violentas en series, películas, juegos de ordenador y de tanta dureza disponibles a cualquier hora del día?

Estamos llamados a proponer modelos positivos a imitar por nuestros jóvenes en lugar de campañas “en contra” que muestran cómo hacer más y peor daño a los demás, sin embargo, ¿es esa la tendencia?

¿Necesitaremos 30 años más para cambiar el foco de atención? ¿Cómo construimos modelos positivos?

Las mismas emociones que pueden salvarnos nos destruyen, en función de cómo sean utilizadas.

Una felicidad favorable dirá al niño:

–       Equivocarse es humano, todos cometemos errores. Lo importante es cómo los superamos, rectificamos y aprendemos a hacerlo cada vez mejor.

Una felicidad “en contra” dirá al niño:

–       No pasa nada si te equivocas, los demás que se aguanten. Lo importante es que tú seas feliz.

 

Un miedo favorable llama a la prudencia a los adultos en la carretera, recuerda los peligros y lo hermoso de llegar al destino sin sufrir accidentes que suponen desgracia para todos. Advierte a los menores de falsas ilusiones de quién puede estar al otro lado del chat on line.

Un miedo “en contra” impide tomar decisiones por asumir el riesgo de equivocarse, discutir o perder la atención o el cariño. Por ejemplo, decir «no» a un niño caprichoso o cortar una relación desagradable.

 

La ira favorable genera una fuerza defensiva: ¡No permito a ti ni a nadie que me levante la mano, me insulte o me humille! ¡Es la primera y la última vez que me pegas!

La ira “en contra” intenta mantener el poder desigual “¡Aquí se hace lo que digo yo!” o reacciona desprestigiando a la propia víctima “¡Estás muerto si piensas que voy a aguantar eso!

 

Si queremos prevenir la violencia, hagamos protagonista a quien sabe construir la paz.

 

Mercedes Matás-Castillo

 

APRENDER A AMAR

RESUMEN: La erradicación de la violencia no se logra únicamente con leyes duras, castigos ni medidas de protección externa. A la sensatez del reconocimiento legal de igualdad y respeto entre las personas se opone la locura de las denuncias falsas, las estafas con las ayudas y el denigrante silencio aun existente ante la violencia real. Ponerse a favor de una educación más clara en materia de amor, tal vez dé claves para tomar otras decisiones.

Hace poco me volvieron a hacer la pregunta: ¿Cómo se mide el amor? ¿Cómo saber quién quiere más? No importa la edad, seguimos teniendo la duda.

Hoy se hacen actos “contra la violencia de género”, pero parece que todos seguimos sin saber las claves “a favor de” quién me ama y cómo. La mayor causa de sufrimiento es la forma en que nos convencemos de no poder cambiar. A veces, solo es necesaria una nueva perspectiva bajo la cual contemplar la situación, para sobrellevar mejor el día a día. Otras veces, es necesario un giro radical a como nos educaron. Ni leyes ni castigos cambian esos sellos con que nos marcaron sobre qué era amor. A pesar de la proximidad, la distancia que separa unas personas de otras se asemeja a las inmensas distancias estelares. Entre personas, hay tanto vacío y distancia como la que separa la Tierra de la Luna. Solo hay un recurso en forma de emoción para salvar esa distancia: los físicos lo llaman una transición de fase, una reordenación de la materia que tiene el extraordinario efecto de superar el vacío de dos o más seres hasta entonces solitarios; las personas de a pie lo llamamos amor…

Dice Neruda:

La capacidad de amar se nos otorga de manera desordenada, haciéndonos creer que esa es su naturaleza, al igual que se nos ha hecho creer que estamos aquí para sufrir y morir. Puede que el aparente orden en que queremos encerrar nuestro pensamiento y nuestras relaciones no sea más que una ilusión de orden, y sea eso lo que desordena nuestras emociones. Todos nacemos con esa capacidad transformadora. El objetivo de la educación, debería ser despertarla, a través de enseñar a percibir al otro, a los otros o a uno mismo como dignos de dicha emoción.

 

A nadie te pareces desde que yo te amo, sigue Neruda,

Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.

  

Iniciar un viaje con gente nueva es aprender, como el Principito, a mudarse de planeta. Quizá sí importe escuchar nuevas palabras, y aprender a usarlas para nombrarnos de nuevo, y hacernos testigos de la existencia del otro.

Necesitamos aprender aquellas estrategias que nos permitan acercarnos y mantener a las personas que nos hacer ser mejores. ¿Cuáles son las claves? ¿Qué preguntas me hago para saber si tengo y recibo amor?

En 2001, Sheldon y colaboradores recogieron las necesidades psicológicas básicas más asociadas a emociones positivas y equilibrio afectivo:

  1. AUTOESTIMA o sentimiento de respeto personal ¿me siento respetada/o en mi cuerpo, mi espacio, mi tiempo, mis pertenencias? ¿estoy dispuesta/o a hacerlo con el otro/a?
  2. RELACIÓN o sentimiento de estar próximos a quienes son importantes para nosotros. ¿Esta relación me lo permite o me aparta de ellos? ¿Se lo permito?
  3. COMPETENCIA o sentimiento de ser capaz de superar con éxito situaciones difíciles ¿me siento valiosa o él es mejor en todo, sabe todo y decide todo, para que no me preocupe? ¿lo/la considero competente?
  4. AUTONOMÍA o sentimiento de estar tomando decisiones basadas en las verdaderas necesidades, valores y principios de uno mismo. ¿Me pide hacer cosas que me perjudican, me ponen en riesgo o van contra mis valores? ¿Qué cosas le pido o doy por sentado que acepta?

Necesitamos una educación que nos otorgue la valentía de alejarnos de quienes nos envenenan con su ignorancia, su ira, su control, su egoísmo o continuas quejas, al tiempo que nos ayude a tolerar los fallos de quienes están dispuestos a rectificar buscando soluciones satisfactorias para todos. Necesitamos aprender a ser alegría para otros,

Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,

Avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.

Quiero hacer contigo

Lo que la primavera hace con los cerezos.

Mercedes Matás-Castillo

FELIZ DÍA

ESCUCHAR LA INTELIGENCIA

RESUMEN: Muchos padres tienen la sensación de que sus hijos no desean hablar con ellos, cuando se hacen adolescentes. “Se ven mayores” “Están en la edad del pavo” o “No sé qué le ha pasado a este chico/a que no es el mismo”. ¿Hay una edad en la que existe comunicación y otra en la que deja de haberla? La comunicación es necesaria a todas las edades. El secreto de la continuidad es saber escuchar su inteligencia desde el principio.

TEXTO

¿Es difícil comunicarse con los adolescentes?

Antes de nacer mis hijos, cuando nadie me veía, hablaba con ellos. Durante las horas previas al parto, les iba explicando qué ocurría, que ambos estábamos asustados, pero que, si los dos colaborábamos, saldría todo bien. Les repetía que éramos un equipo y ninguno podía fallar. Después de nacer, les explicaba pensamientos, opiniones y sentimientos. A veces les leía párrafos de libros o artículos que estaba leyendo y les contaba si me habían gustado. Esa sencilla práctica me ha permitido mantener la confianza con ellos para tratar cualquier tema, con independencia de la edad que tengan. Entre las conversaciones necesarias, figura explicar “mamá se tiene que ir y se quedan con otra persona o, en la guardería, unas horas” (los muy pequeños no entienden de horas en números, pero sí en función de rituales: antes o después de la comida, cuando se esté haciendo de noche, cuando sea el baño…). De esta forma, sienten la seguridad de que hay algo conocido que les indicará cuándo vuelve mamá. La estrategia de salir corriendo en un descuido es una brecha en la comunicación: abre el concepto de engaño en sus mentes y les da una desagradable sensación de inseguridad y abandono. El castigo emocional que los niños harán cuando la madre vuelva está garantizado.

Los adolescentes que se han sentido escuchados, que han aprendido que existe el NO y han experimentado el sabor de la responsabilidad al permitírseles ciertas elecciones libres, no tienen por qué volverse huraños en su adolescencia. La comunicación puede ser mantenida con los padres o la familia si se ha practicado desde siempre. La falta de reconocimiento o de integración en la vida adulta a la que se empiezan a acercar, llevará a reacciones inesperadas, quizá desproporcionadas, de enfado, tristeza, desapego, desprecio o egoísmo.

Todos debemos revisar cómo nos sentimos tratados y escuchados en nuestra adolescencia: ¿Nuestros padres tenían tiempo para que les contásemos cómo había ido el día? ¿Nos pedían opinión sobre elegir destino en vacaciones, comprar una casa o elegir el coche familiar? Si preguntábamos, ¿nos contaban algún secreto de familia o por qué había enemistad con algún vecino? ¿Nos contaban preocupaciones o alegrías? ¿Estudiábamos juntos posibles soluciones a problemas? ¿Teníamos responsabilidades? ¿Nos pedían ayuda si estaban enfermos o cansados?

No se trata de utilizar a los jóvenes como paño de quejas o lágrimas, ni de agobiarlos con problemas adultos. Se trata de demostrarles que confiamos en su criterio; que nos dejamos sorprender por su sabiduría; que permitimos que nos recuerden qué es lo verdaderamente importante.

Ayudar a escucharse

Los padres andan muy preocupados pensando si sus hijos elegirán bien su futuro. Se sigue teniendo el prejuicio de “tener salidas” y se deja de escuchar que “las salidas” son la consecuencia de hacer algo bien, con ilusión y constancia. Escuchar su inteligencia o descubrir su talento es dejarles libertad de expresión, para que descubran qué es lo que realmente les apasiona y que sean ellos mismos quienes, con unas mínimas guías, desbrocen el camino para buscar los medios para conseguirlo. Todo pequeño escalón que consigan ascender por ellos mismos aumentará su autoestima les hará creer que merece la pena el esfuerzo.

El espacio de la comunicación con los jóvenes es entorpecido, muy a menudo, sin la intención de hacerlo. Cuando los jóvenes manifiestan en voz alta qué salida profesional les atrae, si ésta no es acorde con la expectativa paterna o no es considerado un “trabajo adecuado”, ¿qué comentario recibe? Las palabras dichas a nuestros hijos dejan una huella más intensa y más duradera que castigos y premios. Pueden ser decisivos para que el joven confíe o se auto-anule; para que se abra a la comunicación o se cierre.

 

SITUACIÓN A

–          El adolescente expresa que quiere ser o dedicarse a… (una chica dice bombera; un chico dice modelo; otro, probador de atracciones de feria…).

–          El adulto responde inmediatamente mostrando los inconvenientes (que considera altamente racionales) o con un comentario despectivo a su elección. “Con lo mona que eres ¿cómo vas a ir con un casco de bombero?”; “Si se te dan bien las matemáticas, tienes que ser ingeniero”; “¿Vas a pasarte el día montando en la montaña rusa?”….

–          El adulto (que sabe lo más conveniente para el inexperto joven) aconseja cuál es, sin duda, la mejor elección.

–          El adolescente se da la vuelta y no vuelve a hablar del tema.

–          Unos días después expresa una elección distinta, también alejada de la expectativa del padre/madre.

–          El adulto: “¿Ves como no tienes claro lo que quieres? Déjate de tonterías y haz lo que yo te digo”.

–          Pocos días después el adulto no entiende qué le pasa al chico que no habla. “Es la adolescencia, que lo está cambiando y ya no cuenta nada”.

 

SITUACIÓN B:

–          El adolescente expresa que quiere ser o dedicarse a…

–          El adulto pregunta: ¿Qué es lo que te atrae de ese trabajo o profesión?

–          El adolescente contesta …

–          El adulto responde: pues eso está muy bien porque… (comenta una ventaja, un beneficio o algo positivo que tenga ese trabajo o profesión).

–          El adulto sugiere: sigue buscando cosas relacionadas con el tema y qué necesitas para conseguirlo. Si te gusta, lo harás lo mejor posible (damos el voto de confianza en que por sí mismo descubrirá si realmente es lo que quiere y que cuenta con nuestro apoyo a su esfuerzo).

–          El adolescente mantiene intacta la motivación para seguir comunicándose con sus padres y asume la responsabilidad de hacer bien aquello que le ilusiona (se compromete a ser competente en aquello que elija).

 

Si la elección del joven es una tontería o no tiene aptitudes suficientes, él o ella serán los primeros en darse cuenta, aunque es difícil saber dónde están los límites de cada persona antes de esforzarse con ilusión para conseguirlo. “¿Se sabe acaso que Caruso, uno de los más célebres cantantes del mundo, fue rechazado de varios coros al comienzo de su carrera por no poseer suficiente voz? Tuvo que estudiar largo tiempo para llegar a ser el gran cantante que fue” (Mansión, 1958).

Un adolescente es un principio de adulto. Educarlos es comenzar a devolverles el poder de decisión sobre la responsabilidad de su futuro. Los adolescentes piensan en algo más que en su imagen, la música, el sexo o el botellón. Se preocupan por el futuro, porque su cerebro acaba de descubrir que existe, van hacia él y deben empezar a decidir. Escuchar su inteligencia es facilitarles un futuro feliz.

 

LECTURAS RECOMENDADAS Para adolescentes y formadores de adolescentes

La isla de las tres sirenas. Autor: Irving Wallace.

 

Mi idolatrado hijo Sisí. Autor: Miguel Delibes.

 

Cómo hablar para que los adolescentes escuchen y cómo escuchar para que los adolescentes hablen. Autoras: Adele Faber y Elaine Mazlish.

 

 

M. Matás-Castillo

 

SUICIDIO VERSUS AUTO-ASERTIVIDAD

RESUMEN: A partir de la adolescencia, nuestro cerebro está capacitado para el pensamiento más allá de lo concreto, es decir, de lo que podría ser. Es entonces cuando la opción del suicidio entra dentro de “lo posible” en nuestra vida. La información sobre este tema está plagada de cifras estadísticas, búsqueda de causas y peticiones de legislación “contra el suicidio”. El foco de atención en la enfermedad o la tragedia tal vez nos está impidiendo descubrir las fortalezas para no hacerlo.

TEXTO

¿Es normal pensar en el suicidio?

Lo más probable es que en alguna ocasión en su vida, o en varias, quizás, muchos hayamos tenido el pensamiento “sería mejor no estar aquí”, estar cansado/a de luchar, sentir que no merece la pena volver a empezar o experimentar una nueva decepción de personas, trabajos, relaciones… Sentimientos de desesperanza y tristeza, más fuertes cuanto mayores expectativas se habían puesto en dichas personas, trabajos o relaciones. Los expertos coinciden en que hay un gran tabú con respecto al suicidio. ¿No será el primer tabú a superar, precisamente, la imagen que esos mismos expertos exponen al abordar el tema como algo propio de enfermos mentales, trastornados, depresivos o personas con graves problemas sociales o económicos? El pensamiento suicida no es más que un pensamiento normal que cualquier persona tiene en su imaginario de lo posible porque sus capacidades cerebrales se lo permiten. ¿Quién no ha tenido un amigo/a que nos haya contado que lo pensó?

El objetivo de escribir hoy es para cambiar el foco de atención de lo que, hasta ahora, han sido datos típicos de referencia sobre el tema del suicidio. Que nos digan que es un problema que afecta más a hombres mayores de 60 años viudos que a mujeres ¿ayuda eso a quien está pensando que no merece la pena seguir vivo/a? Las dos últimas noticias en Murcia, sobre suicidio, fueron de mujeres más jóvenes. Que los expertos recomienden que se haga visible la problemática del suicidio para atender sus causas (también se recomienda que no se informe públicamente, por el efecto imitación), ¿en qué nos ayuda? Hablar de causas es un tiovivo sin fin, pues, como dice la canción, “nos sobran los motivos”. Cualquier cosa, para una persona, puede ser un obstáculo insalvable, mientras que, para otra persona, no. La persona, ¿es catalogada de depresiva, porque piensa suicidarse o piensa suicidarse, porque está depresiva?

Recordemos un concepto fundamental en educación y psicología: la asertividad. Podemos definirla como la habilidad para expresar pensamientos o sentimientos, así como poner límites a otras personas que intentan no respetarnos, con firmeza, pero sin agresividad.

¿Qué es auto-asertividad?

Casi siempre se habla de asertividad referida a los demás. Sin embargo, también podemos aplicarla a nosotros mismos: podemos esforzarnos en ser sinceros con nosotros, reconocer cuáles son nuestros verdaderos sentimientos y pensamientos, aprender a ponernos límites. Decir NO a nuestras tendencias que supongan faltas de respeto hacia nuestra integridad física, psicológica, espiritual o social. Sí, en esta época donde hay que recordar cómo decir NO (padres a hijos, parejas a relaciones maltratadoras, abusos en contratos, presiones de padres a hijos para estudios que no se desean, etc.), ser asertivo con uno mismo es un ejercicio de salud mental que nadie se preocupó de enseñarnos con palabras o actos. Quienes tuvieron la suerte de tener estas enseñanzas puede que jamás piensen en el suicidio. Quienes no, han tenido que construirse la entereza día a día.

Cuando alguien me ha contado que ha llegado a pensar en “quitarse de en medio”, no le he preguntado ¿por qué pensabas hacerlo? Mi pregunta ha sido: ¿Qué pasó que no lo hiciste?

Algunas de las respuestas fueron estas:

  1. Habría muerto sin ser escuchado, igual que ahora no me escuchan. Seguirían sin comprender qué quiero. Era inútil morir.

 

  1. Para mis padres era muy importante la imagen social. No habrían soportado esa llamada de atención.

 

  1. Mi marido me decía que no valía para nada, ni siquiera para suicidarme, porque lo intenté con pastillas, pero me llevaron al hospital. Ahora me he divorciado y no quiero darle la satisfacción de que piense que no puedo salir adelante sin él.

 

  1. El trabajo se me hacía insoportable, pero no sabía a dónde ir si lo dejaba. Y empecé a pensar en terminar con todo de golpe. Entonces llegó un jefe nuevo, una semana antes de presentar un informe de resultados. Cuando los compañeros comenzaron a criticar mi informe, como siempre hacían, él dijo que era el mejor informe sobre el tema que había visto nunca y me felicitó.

 

  1. Pensé que con el divorcio me sentiría totalmente libre, pero ha sido una libertad parcial. Tengo que seguir soportando las imposiciones de mi ex y trabajar mucho más, para llegar a fin de mes. Sin embargo, mi hijo me necesita hasta que sea independiente. Me levanto cada mañana por él.

 

  1. No lo hago porque tengo el convencimiento de que el espíritu no muere. Seguiría viendo y sintiendo igual, sin conseguir que me escuchen. Si no aprendo a superar estas dificultades puede que me toque vivir otras más graves.

 

  1. Mi familia se sentiría culpable, con un dolor irreparable, cuando yo solo quiero que me acepten como soy y tengan en cuenta mi opinión.

 

La OMS estima en 800.000 las vidas que se cobra anualmente el suicidio. El Instituto Nacional de Estadística mantiene al suicidio como la principal causa externa de muerte 3.569 fallecimientos. El Observatorio del suicidio en España publica un informe donde calcula que los suicidios son el doble de fallecimientos que los accidentes de tráfico y 80 veces más que por violencia de género.

La cuestión ahora es: ¿Cuáles serían las cifras de auto-asertividad, donde personas que lo pensaron no lo hicieron? ¿Ayudaría a otros conocerlas? ¿Podemos empezar a hablar a favor de la auto-asertividad?

Mercedes Matás-Castillo

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