¿LIBROS O TABLET?

¿LIBROS O TABLET?

RESUMEN: Fin de curso, tiempo de planificaciones para el siguiente. El debate sobre qué herramienta de estudio emplear con los alumnos queda abierto de nuevo. Unos profesores son partidarios de tablets y otros de libros. ¿Se eliminan los libros de las aulas porque hay que seguir «el ritmo de los tiempos»? ¿Se da la espalda al lenguaje en el que nuestros hijos han nacido? Los profesores discuten y los padres también quieren dar su opinión. La cuestión quizás pase por discutir menos y dar a libros y tablets su tiempo, función y revisión.

Es inteligente adaptarse a los tiempos. También lo es aprender a usar las herramientas que cada época proporciona a sus habitantes. La era de la información está repleta de posibilidades para quien abre su mente al mundo. Los recursos, desde la ventana global, resultan ilimitados. Tal vez, porque siempre lo hayan sido, aunque nos hayan educado en la sensación de la escasez y la autolimitación. Y esa perspectiva no hay más remedio que cambiarla.

La cuestión no es tanto si cambiamos la herramienta, sino si aprendemos el uso positivo de la misma, igual que deberíamos reflexionar sobre el uso que hemos hecho de la anterior.

Un libro es mucho más que una recogida de contenidos en un papel. Cualquier libro representa una puerta a mundos conocidos, desconocidos e ilimitados. Es un amigo que se afianza con el contacto, se transforma con las pasadas y te obliga a ser paciente para poder desgranar todo el mensaje que no alcanzaste en la primera lectura. Los libros de estudio deben ser pocos y con los mensajes claros sobre lo tratado. De escritura impecable, bien estructurados. Las fotos y los colores deben reducirse a la mínima expresión: que sirvan para realzar la idea principal del texto, sean un apoyo, no un distractor. El libro de texto ideal debería conectar materias, no considerarlas cajones estancos separados e inamovibles: las matemáticas hacen referencia a la física, esta a la historia o la filosofía que a su vez conecta con el lenguaje, los idiomas, la ética o las artes. El peso ha de ser ligero y no más de tres libros de texto por curso para, eso sí, estudiarlos y trabajarlos de principio a fin al máximo.

La cuestión es que se ha degenerado la forma y la función de los libros: hay demasiados en número por curso; con materias desconectadas; con exceso de distractores; donde año tras año queda un porcentaje de sus contenidos sin dar, desaprovechando su razón de ser. Pesan una barbaridad, lo cual resulta perjudicial para las espaldas y posturas de nuestros hijos que deben cargar con unas mochilas plomizas cada día.

Ante tales desventajas, el uso de la tecnología ofrece una alternativa de poco peso y mucha información, al alcance de un solo dedo. Sin embargo, las herramientas han de ser complementarias, no sustitutivas. Un libro enseña, además de sus contenidos, a calmar la atención, gracias a su condición de quieto. La mente se abre a la imaginación cuando le permiten la quietud, no ante el continuo movimiento. Un libro es un integrador de sentidos: vista, tacto, olfato. Una Tablet estimula lo visual y ayuda con el sentido auditivo que falta. Juntos favorecen la fijación del aprendizaje y la memoria. Pero no cometamos el error de creer que los niños van a aprender a hacer problemas de matemáticas viendo un vídeo, sin pararse a descifrar el mensaje del enunciado, sin hacer un análisis de información relevante e irrelevante, sin ordenar qué datos me dan y cuáles piden. Para ello, necesitamos tomar contacto con la escritura y la lectura, eliminar los distractores y abrir las asociaciones de nuestra personal imaginación. No perdamos aquello que nos mejora. Simplemente, hagámoslo más eficaz y divertido.

Ejercicios que más activan nuestro cerebro, según RYUTA KAWASHIMA

Leer en voz alta.

Resolver cálculos sencillos rápidos.

Escribir a mano.

Publicado en educación, psicología.

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