PALABRAS PODEROSAS

RESUMEN: Escuchar el sentimiento da pistas sobre cómo nos va en la vida. Que exista o no la palabra para definirlo, condiciona la visión de la realidad. ¿Qué es aceptable y qué no? ¿Qué permitimos y por qué luchamos? Legítimo el sentimiento, legítima la palabra. Conciliación, empoderamiento, maltrato ¿sabemos ponerlas a favor de la mujer y no en su contra?

 

TEXTO

Perder la perspectiva lleva a ignorar quiénes somos. Quedamos entonces vulnerables, para que el yo considerado exclusivamente como ajeno nos asalte tras la esquina menos esperada. Generaciones y generaciones quedan enlazadas, no solo por apellidos. También por los nombres que dan entidad a sus sentimientos.

Andaba yo escuchando en mi trabajo habitual. Las experiencias salían a borbotones, sin orden cronológico, como canta la memoria cuando la liberan de preguntas concretas. Y así me fui enterando… de su otra perspectiva.

 

La señora de aquella mañana era, alta, bien vestida. De maneras amplias y hablar enfático. Acostumbrada a hablar al público por su profesión de antaño, en una época en que la mujer con trabajo era “rara avis”. Podríamos asimilarla a un icono quijotesco en femenino, a ese ideal de libertad que permanece atado y a parte de aquellos cuerdos que llaman locos.

Con gesto sorprendido, mi señora afirmaba que el mundo estaba hoy mejor que antes (de ahí lo de Quijote), cuando se actuaba con más miedo. Había tres palabras que antes no existían, que le encantaban y que lo habían revolucionado todo para las mujeres (de ahí lo de cuerda).

¿Cuáles son? —pregunté curiosa.

He aquí su respuesta:

 

  • Una es conciliación de la vida familiar y laboral. Qué cosa más estupenda. Antes no se llevaba eso de conciliar. Si tenías hijos, lo normal era que no trabajaras. Si un hombre decía que salía antes del trabajo, porque había un partido de fútbol importante, a todos les parecía muy lógico. Si una mujer pedía salir a llevar a su hijo al médico, hasta los propios compañeros le decían “Como te has empeñado en trabajar…”; “Quédate con los niños, que estarás más tranquila”.

 

  • Otra es empoderamiento. Nadie nos había dicho antes que teníamos poder sobre nada. Asumíamos como normal que ellos decidiesen sobre las cosas más nimias. En mi grupo de amigas nos surgió la duda un día de qué íbamos a hacer si nos casábamos con un señor al que no le gustase el tabaco (fumábamos desde los dieciséis años, por aquello de que, en esos años, el tabaco estaba asociado a ser mayores, sofisticados, sensuales y modernos). Nuestro rol de futuras esposas implicaba obedecer. Así que decidimos comprobar si éramos adictas. En caso afirmativo, tendríamos que quitarnos el tabaco ya, antes de disgustar al marido con nuestra adicción. Pasamos un fin de semana sin probar el tabaco. Quedamos el lunes siguiente para contarnos si lo habíamos echado de menos. Todas concluimos en que no habíamos fumado y no lo habíamos echado de menos, por lo que “estaba claro” que no éramos adictas. Podríamos dejarlo cuando quisiéramos sin problemas. Se recurría así a cierta lógica desatinada, para permitirnos poder de decisión sobre nuestras vidas, sin provocarnos mala conciencia.

 

  • La tercera palabra es maltrato. Antes no existía tal concepto. Ni para ellas ni para ellos.

–       Si el marido o novio gritaba, era que tenía mal carácter.

–       Si tenía que ser siempre lo que él dijera, era que no se le podía discutir.

–       Si soltaba una bofetada, es que tenía un pronto muy feo… pero luego se arrepentía y no era nadie.

–       Si se ponía hecho una fiera, porque no le parecía que ibas adecuadamente vestida para salir a la calle, era que quería verte siempre elegante y arreglada, no de cualquier manera.

–       Y si montaba números de enfados por cualquier tontería, es que tenía rarezas. De los señores, antes, nadie decía que maltrataban, se decía que “tenían rarezas” … a las que no había que hacer mucho caso.

 

 

Ser un buen marido requería de poco: si no bebía, no se iba de putas y te entregaba suficiente dinero para administrar la casa… ¿Qué más se le podía pedir?

La serenidad con que lo contaba sobrecogía. Muy alejado del enfoque agresivo con que se manifiesta la reivindicación de estos conceptos en algunos medios. La necesidad de conciliación, empoderamiento y maltrato ya estaba descrita en la voz, por ejemplo, de Ana Ozores, y de Nora Helmer sin necesidad de un marco de brutalidad descarnada extrema, al parecer única garantía hoy para vender novelas u obtener éxito artístico. Si solo se muestra la violencia más brutal y se reacciona a ella con más violencia, no vamos donde comienza la base de la violencia: en los sentimientos de confusión y desagrado, en las palabras humillantes, los conceptos de sumisión y las actitudes de poder.

Ser sensible es el mayor pecado, cuenta el poeta Ginés Aniorte. Ana y Nora son grandes sensibilidades. Respetuosas, generosas, bondadosas, descritas en los manuales como infiel la una y abandona-niños la otra. Paradigmas, sin embargo, de la falta de independencia económica, de sometimiento al deber hacia los hombres, de autosacrificio y de lidiar con un rol que las asfixia. Reciben maltrato cognitivo, emocional, social, cultural y hasta físico. Sorprende que sean grandes ausentes en los Institutos de Enseñanza Secundaria, pues son perfectas para mostrar roles a no repetir y actitudes a no tolerar. Incomprendidas en la profundidad y variedad de sus sentimientos. ¿El modelo de mujer agresiva tendrá más éxito que ellas?

Conciliación, empoderamiento, maltrato… Un trío verbal de ases del que nuestra generación ya dispone en uso. Falta saber qué conceptos elegimos alimentar con dicho uso.

 

 

Mercedes Matás-Castillo

DENTRO DE 30 AÑOS

RESUMEN: Funcionamos captando e imitando intenciones del otro. Despertar la empatía o la insensibilidad depende del foco de atención con el cual educamos, diseñamos publicidad, política o sistemas morales y éticos. En el estudio del fenómeno de la violencia escolar es especialmente necesario replantear los modelos hacia una difusión positiva.

TEXTO

1996, Parma. El equipo de trabajo de G. Rizzolatti descubre la existencia de las neuronas espejo. Este descubrimiento se considera en importancia para la neurociencia como el ADN lo ha sido a la biología: tenemos abierto el código de funcionamiento de las relaciones interpersonales, a través de un prelenguaje imitatorio que compartimos con otras muchas especies de la naturaleza. No leemos la mente, sino que hacemos un proceso, donde comunicamos intenciones y emociones para entrar en sintonía con otros.

Según Iacoboni (2012), este descubrimiento tendría que cambiar la manera de relacionarnos con los demás, la educación en las familias y en la escuela, la publicidad, las noticias, la política y hasta los sistemas morales y éticos. Reflejar violencia, maltrato, sufrimiento, activa fisiológicamente, llama la atención, hace visitar páginas y vende periódicos. La alarma de un posible mal nos moviliza. Y también extiende su “habitualidad”. De igual forma, los modelos positivos animan a la imitación, pero parecen menos visibles. Entre los descubrimientos científicos y su asentamiento en la cultura general de las sociedades existe un desfase de entre 40 y 50 años. El conocimiento de la neurona espejo es, por tanto, aún joven.

La alarma social ante la violencia escolar ha disparado la atención hacia su represión y detención sin que el detalle de comportamientos, actitudes y base cultural respetuosa y pacífica reciba la misma intensidad de reflejo. El último informe sobre epidemiología de la violencia y el acoso escolar del teléfono ANAR (2017), no revela un descenso de este fenómeno, sino un aumento:

                

1. Las víctimas sufren un número hechos violentos más duros.

2. Está más “normalizado”, se produce en más lugares: aulas, recreos y cambios de clase.

3. En 2017 hay más agresores varones que en períodos precedentes.

4. Hay menor apoyo hacia las víctimas por parte de amigos y compañeros. En general, se ha reducido a la mitad, por los peligros y consecuencias que pudiera entrañar.

5. En el acoso tradicional, 73% de directores o jefes de estudios y un 85% de profesores conocían la situación. En el ciberbullying, era conocido por un 56% de directores o jefes de estudios y un 81% de profesores. Sin embargo, los profesores no reaccionaron ante la violencia en el 48% de los casos de acoso y en un 34% de los casos de ciberbullying. Entre los profesores que sí reaccionan, sus actitudes son más diligentes y activas, hablan más con los agresores, las víctimas y las familias.

6. Alrededor de un 13% de las víctimas cambió de centro escolar debido al bullying y entre el 17% y el 20% recibe tratamiento psicológico.

7. Entre los menores de edad, un 34,2% no cuenta su caso a los padres/madres, lo que supone que un 10,9% del total de casos de acoso escolar no es conocido por los padres/madres.

Las dudas que surgen son: ¿hay más violencia o se denuncia más? ¿es un fenómeno de entorno escolar o se están manifestando modelos procedentes de las familias? ¿Qué papel juegan el consumo de alcohol, drogas o la pérdida de autoridad de los adultos? ¿Por qué hay tantas escenas violentas en series, películas, juegos de ordenador y de tanta dureza disponibles a cualquier hora del día?

Estamos llamados a proponer modelos positivos a imitar por nuestros jóvenes en lugar de campañas “en contra” que muestran cómo hacer más y peor daño a los demás, sin embargo, ¿es esa la tendencia?

¿Necesitaremos 30 años más para cambiar el foco de atención? ¿Cómo construimos modelos positivos?

Las mismas emociones que pueden salvarnos nos destruyen, en función de cómo sean utilizadas.

Una felicidad favorable dirá al niño:

–       Equivocarse es humano, todos cometemos errores. Lo importante es cómo los superamos, rectificamos y aprendemos a hacerlo cada vez mejor.

Una felicidad “en contra” dirá al niño:

–       No pasa nada si te equivocas, los demás que se aguanten. Lo importante es que tú seas feliz.

 

Un miedo favorable llama a la prudencia a los adultos en la carretera, recuerda los peligros y lo hermoso de llegar al destino sin sufrir accidentes que suponen desgracia para todos. Advierte a los menores de falsas ilusiones de quién puede estar al otro lado del chat on line.

Un miedo “en contra” impide tomar decisiones por asumir el riesgo de equivocarse, discutir o perder la atención o el cariño. Por ejemplo, decir “no” a un niño caprichoso o cortar una relación desagradable.

 

La ira favorable genera una fuerza defensiva: ¡No permito a ti ni a nadie que me levante la mano, me insulte o me humille! ¡Es la primera y la última vez que me pegas!

La ira “en contra” intenta mantener el poder desigual “¡Aquí se hace lo que digo yo!” o reacciona desprestigiando a la propia víctima “¡Estás muerto si piensas que voy a aguantar eso!

 

Si queremos prevenir la violencia, hagamos protagonista a quien sabe construir la paz.

 

Mercedes Matás-Castillo

 

APRENDER A AMAR

RESUMEN: La erradicación de la violencia no se logra únicamente con leyes duras, castigos ni medidas de protección externa. A la sensatez del reconocimiento legal de igualdad y respeto entre las personas se opone la locura de las denuncias falsas, las estafas con las ayudas y el denigrante silencio aun existente ante la violencia real. Ponerse a favor de una educación más clara en materia de amor, tal vez dé claves para tomar otras decisiones.

Hace poco me volvieron a hacer la pregunta: ¿Cómo se mide el amor? ¿Cómo saber quién quiere más? No importa la edad, seguimos teniendo la duda.

Hoy se hacen actos “contra la violencia de género”, pero parece que todos seguimos sin saber las claves “a favor de” quién me ama y cómo. La mayor causa de sufrimiento es la forma en que nos convencemos de no poder cambiar. A veces, solo es necesaria una nueva perspectiva bajo la cual contemplar la situación, para sobrellevar mejor el día a día. Otras veces, es necesario un giro radical a como nos educaron. Ni leyes ni castigos cambian esos sellos con que nos marcaron sobre qué era amor. A pesar de la proximidad, la distancia que separa unas personas de otras se asemeja a las inmensas distancias estelares. Entre personas, hay tanto vacío y distancia como la que separa la Tierra de la Luna. Solo hay un recurso en forma de emoción para salvar esa distancia: los físicos lo llaman una transición de fase, una reordenación de la materia que tiene el extraordinario efecto de superar el vacío de dos o más seres hasta entonces solitarios; las personas de a pie lo llamamos amor…

Dice Neruda:

La capacidad de amar se nos otorga de manera desordenada, haciéndonos creer que esa es su naturaleza, al igual que se nos ha hecho creer que estamos aquí para sufrir y morir. Puede que el aparente orden en que queremos encerrar nuestro pensamiento y nuestras relaciones no sea más que una ilusión de orden, y sea eso lo que desordena nuestras emociones. Todos nacemos con esa capacidad transformadora. El objetivo de la educación, debería ser despertarla, a través de enseñar a percibir al otro, a los otros o a uno mismo como dignos de dicha emoción.

 

A nadie te pareces desde que yo te amo, sigue Neruda,

Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.

  

Iniciar un viaje con gente nueva es aprender, como el Principito, a mudarse de planeta. Quizá sí importe escuchar nuevas palabras, y aprender a usarlas para nombrarnos de nuevo, y hacernos testigos de la existencia del otro.

Necesitamos aprender aquellas estrategias que nos permitan acercarnos y mantener a las personas que nos hacer ser mejores. ¿Cuáles son las claves? ¿Qué preguntas me hago para saber si tengo y recibo amor?

En 2001, Sheldon y colaboradores recogieron las necesidades psicológicas básicas más asociadas a emociones positivas y equilibrio afectivo:

  1. AUTOESTIMA o sentimiento de respeto personal ¿me siento respetada/o en mi cuerpo, mi espacio, mi tiempo, mis pertenencias? ¿estoy dispuesta/o a hacerlo con el otro/a?
  2. RELACIÓN o sentimiento de estar próximos a quienes son importantes para nosotros. ¿Esta relación me lo permite o me aparta de ellos? ¿Se lo permito?
  3. COMPETENCIA o sentimiento de ser capaz de superar con éxito situaciones difíciles ¿me siento valiosa o él es mejor en todo, sabe todo y decide todo, para que no me preocupe? ¿lo/la considero competente?
  4. AUTONOMÍA o sentimiento de estar tomando decisiones basadas en las verdaderas necesidades, valores y principios de uno mismo. ¿Me pide hacer cosas que me perjudican, me ponen en riesgo o van contra mis valores? ¿Qué cosas le pido o doy por sentado que acepta?

Necesitamos una educación que nos otorgue la valentía de alejarnos de quienes nos envenenan con su ignorancia, su ira, su control, su egoísmo o continuas quejas, al tiempo que nos ayude a tolerar los fallos de quienes están dispuestos a rectificar buscando soluciones satisfactorias para todos. Necesitamos aprender a ser alegría para otros,

Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,

Avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.

Quiero hacer contigo

Lo que la primavera hace con los cerezos.

Mercedes Matás-Castillo

FELIZ DÍA

ESCUCHAR LA INTELIGENCIA

RESUMEN: Muchos padres tienen la sensación de que sus hijos no desean hablar con ellos, cuando se hacen adolescentes. “Se ven mayores” “Están en la edad del pavo” o “No sé qué le ha pasado a este chico/a que no es el mismo”. ¿Hay una edad en la que existe comunicación y otra en la que deja de haberla? La comunicación es necesaria a todas las edades. El secreto de la continuidad es saber escuchar su inteligencia desde el principio.

TEXTO

¿Es difícil comunicarse con los adolescentes?

Antes de nacer mis hijos, cuando nadie me veía, hablaba con ellos. Durante las horas previas al parto, les iba explicando qué ocurría, que ambos estábamos asustados, pero que, si los dos colaborábamos, saldría todo bien. Les repetía que éramos un equipo y ninguno podía fallar. Después de nacer, les explicaba pensamientos, opiniones y sentimientos. A veces les leía párrafos de libros o artículos que estaba leyendo y les contaba si me habían gustado. Esa sencilla práctica me ha permitido mantener la confianza con ellos para tratar cualquier tema, con independencia de la edad que tengan. Entre las conversaciones necesarias, figura explicar “mamá se tiene que ir y se quedan con otra persona o, en la guardería, unas horas” (los muy pequeños no entienden de horas en números, pero sí en función de rituales: antes o después de la comida, cuando se esté haciendo de noche, cuando sea el baño…). De esta forma, sienten la seguridad de que hay algo conocido que les indicará cuándo vuelve mamá. La estrategia de salir corriendo en un descuido es una brecha en la comunicación: abre el concepto de engaño en sus mentes y les da una desagradable sensación de inseguridad y abandono. El castigo emocional que los niños harán cuando la madre vuelva está garantizado.

Los adolescentes que se han sentido escuchados, que han aprendido que existe el NO y han experimentado el sabor de la responsabilidad al permitírseles ciertas elecciones libres, no tienen por qué volverse huraños en su adolescencia. La comunicación puede ser mantenida con los padres o la familia si se ha practicado desde siempre. La falta de reconocimiento o de integración en la vida adulta a la que se empiezan a acercar, llevará a reacciones inesperadas, quizá desproporcionadas, de enfado, tristeza, desapego, desprecio o egoísmo.

Todos debemos revisar cómo nos sentimos tratados y escuchados en nuestra adolescencia: ¿Nuestros padres tenían tiempo para que les contásemos cómo había ido el día? ¿Nos pedían opinión sobre elegir destino en vacaciones, comprar una casa o elegir el coche familiar? Si preguntábamos, ¿nos contaban algún secreto de familia o por qué había enemistad con algún vecino? ¿Nos contaban preocupaciones o alegrías? ¿Estudiábamos juntos posibles soluciones a problemas? ¿Teníamos responsabilidades? ¿Nos pedían ayuda si estaban enfermos o cansados?

No se trata de utilizar a los jóvenes como paño de quejas o lágrimas, ni de agobiarlos con problemas adultos. Se trata de demostrarles que confiamos en su criterio; que nos dejamos sorprender por su sabiduría; que permitimos que nos recuerden qué es lo verdaderamente importante.

Ayudar a escucharse

Los padres andan muy preocupados pensando si sus hijos elegirán bien su futuro. Se sigue teniendo el prejuicio de “tener salidas” y se deja de escuchar que “las salidas” son la consecuencia de hacer algo bien, con ilusión y constancia. Escuchar su inteligencia o descubrir su talento es dejarles libertad de expresión, para que descubran qué es lo que realmente les apasiona y que sean ellos mismos quienes, con unas mínimas guías, desbrocen el camino para buscar los medios para conseguirlo. Todo pequeño escalón que consigan ascender por ellos mismos aumentará su autoestima les hará creer que merece la pena el esfuerzo.

El espacio de la comunicación con los jóvenes es entorpecido, muy a menudo, sin la intención de hacerlo. Cuando los jóvenes manifiestan en voz alta qué salida profesional les atrae, si ésta no es acorde con la expectativa paterna o no es considerado un “trabajo adecuado”, ¿qué comentario recibe? Las palabras dichas a nuestros hijos dejan una huella más intensa y más duradera que castigos y premios. Pueden ser decisivos para que el joven confíe o se auto-anule; para que se abra a la comunicación o se cierre.

 

SITUACIÓN A

–          El adolescente expresa que quiere ser o dedicarse a… (una chica dice bombera; un chico dice modelo; otro, probador de atracciones de feria…).

–          El adulto responde inmediatamente mostrando los inconvenientes (que considera altamente racionales) o con un comentario despectivo a su elección. “Con lo mona que eres ¿cómo vas a ir con un casco de bombero?”; “Si se te dan bien las matemáticas, tienes que ser ingeniero”; “¿Vas a pasarte el día montando en la montaña rusa?”….

–          El adulto (que sabe lo más conveniente para el inexperto joven) aconseja cuál es, sin duda, la mejor elección.

–          El adolescente se da la vuelta y no vuelve a hablar del tema.

–          Unos días después expresa una elección distinta, también alejada de la expectativa del padre/madre.

–          El adulto: “¿Ves como no tienes claro lo que quieres? Déjate de tonterías y haz lo que yo te digo”.

–          Pocos días después el adulto no entiende qué le pasa al chico que no habla. “Es la adolescencia, que lo está cambiando y ya no cuenta nada”.

 

SITUACIÓN B:

–          El adolescente expresa que quiere ser o dedicarse a…

–          El adulto pregunta: ¿Qué es lo que te atrae de ese trabajo o profesión?

–          El adolescente contesta …

–          El adulto responde: pues eso está muy bien porque… (comenta una ventaja, un beneficio o algo positivo que tenga ese trabajo o profesión).

–          El adulto sugiere: sigue buscando cosas relacionadas con el tema y qué necesitas para conseguirlo. Si te gusta, lo harás lo mejor posible (damos el voto de confianza en que por sí mismo descubrirá si realmente es lo que quiere y que cuenta con nuestro apoyo a su esfuerzo).

–          El adolescente mantiene intacta la motivación para seguir comunicándose con sus padres y asume la responsabilidad de hacer bien aquello que le ilusiona (se compromete a ser competente en aquello que elija).

 

Si la elección del joven es una tontería o no tiene aptitudes suficientes, él o ella serán los primeros en darse cuenta, aunque es difícil saber dónde están los límites de cada persona antes de esforzarse con ilusión para conseguirlo. “¿Se sabe acaso que Caruso, uno de los más célebres cantantes del mundo, fue rechazado de varios coros al comienzo de su carrera por no poseer suficiente voz? Tuvo que estudiar largo tiempo para llegar a ser el gran cantante que fue” (Mansión, 1958).

Un adolescente es un principio de adulto. Educarlos es comenzar a devolverles el poder de decisión sobre la responsabilidad de su futuro. Los adolescentes piensan en algo más que en su imagen, la música, el sexo o el botellón. Se preocupan por el futuro, porque su cerebro acaba de descubrir que existe, van hacia él y deben empezar a decidir. Escuchar su inteligencia es facilitarles un futuro feliz.

 

LECTURAS RECOMENDADAS Para adolescentes y formadores de adolescentes

La isla de las tres sirenas. Autor: Irving Wallace.

 

Mi idolatrado hijo Sisí. Autor: Miguel Delibes.

 

Cómo hablar para que los adolescentes escuchen y cómo escuchar para que los adolescentes hablen. Autoras: Adele Faber y Elaine Mazlish.

 

 

M. Matás-Castillo

 

SUICIDIO VERSUS AUTO-ASERTIVIDAD

RESUMEN: A partir de la adolescencia, nuestro cerebro está capacitado para el pensamiento más allá de lo concreto, es decir, de lo que podría ser. Es entonces cuando la opción del suicidio entra dentro de “lo posible” en nuestra vida. La información sobre este tema está plagada de cifras estadísticas, búsqueda de causas y peticiones de legislación “contra el suicidio”. El foco de atención en la enfermedad o la tragedia tal vez nos está impidiendo descubrir las fortalezas para no hacerlo.

TEXTO

¿Es normal pensar en el suicidio?

Lo más probable es que en alguna ocasión en su vida, o en varias, quizás, muchos hayamos tenido el pensamiento “sería mejor no estar aquí”, estar cansado/a de luchar, sentir que no merece la pena volver a empezar o experimentar una nueva decepción de personas, trabajos, relaciones… Sentimientos de desesperanza y tristeza, más fuertes cuanto mayores expectativas se habían puesto en dichas personas, trabajos o relaciones. Los expertos coinciden en que hay un gran tabú con respecto al suicidio. ¿No será el primer tabú a superar, precisamente, la imagen que esos mismos expertos exponen al abordar el tema como algo propio de enfermos mentales, trastornados, depresivos o personas con graves problemas sociales o económicos? El pensamiento suicida no es más que un pensamiento normal que cualquier persona tiene en su imaginario de lo posible porque sus capacidades cerebrales se lo permiten. ¿Quién no ha tenido un amigo/a que nos haya contado que lo pensó?

El objetivo de escribir hoy es para cambiar el foco de atención de lo que, hasta ahora, han sido datos típicos de referencia sobre el tema del suicidio. Que nos digan que es un problema que afecta más a hombres mayores de 60 años viudos que a mujeres ¿ayuda eso a quien está pensando que no merece la pena seguir vivo/a? Las dos últimas noticias en Murcia, sobre suicidio, fueron de mujeres más jóvenes. Que los expertos recomienden que se haga visible la problemática del suicidio para atender sus causas (también se recomienda que no se informe públicamente, por el efecto imitación), ¿en qué nos ayuda? Hablar de causas es un tiovivo sin fin, pues, como dice la canción, “nos sobran los motivos”. Cualquier cosa, para una persona, puede ser un obstáculo insalvable, mientras que, para otra persona, no. La persona, ¿es catalogada de depresiva, porque piensa suicidarse o piensa suicidarse, porque está depresiva?

Recordemos un concepto fundamental en educación y psicología: la asertividad. Podemos definirla como la habilidad para expresar pensamientos o sentimientos, así como poner límites a otras personas que intentan no respetarnos, con firmeza, pero sin agresividad.

¿Qué es auto-asertividad?

Casi siempre se habla de asertividad referida a los demás. Sin embargo, también podemos aplicarla a nosotros mismos: podemos esforzarnos en ser sinceros con nosotros, reconocer cuáles son nuestros verdaderos sentimientos y pensamientos, aprender a ponernos límites. Decir NO a nuestras tendencias que supongan faltas de respeto hacia nuestra integridad física, psicológica, espiritual o social. Sí, en esta época donde hay que recordar cómo decir NO (padres a hijos, parejas a relaciones maltratadoras, abusos en contratos, presiones de padres a hijos para estudios que no se desean, etc.), ser asertivo con uno mismo es un ejercicio de salud mental que nadie se preocupó de enseñarnos con palabras o actos. Quienes tuvieron la suerte de tener estas enseñanzas puede que jamás piensen en el suicidio. Quienes no, han tenido que construirse la entereza día a día.

Cuando alguien me ha contado que ha llegado a pensar en “quitarse de en medio”, no le he preguntado ¿por qué pensabas hacerlo? Mi pregunta ha sido: ¿Qué pasó que no lo hiciste?

Algunas de las respuestas fueron estas:

  1. Habría muerto sin ser escuchado, igual que ahora no me escuchan. Seguirían sin comprender qué quiero. Era inútil morir.

 

  1. Para mis padres era muy importante la imagen social. No habrían soportado esa llamada de atención.

 

  1. Mi marido me decía que no valía para nada, ni siquiera para suicidarme, porque lo intenté con pastillas, pero me llevaron al hospital. Ahora me he divorciado y no quiero darle la satisfacción de que piense que no puedo salir adelante sin él.

 

  1. El trabajo se me hacía insoportable, pero no sabía a dónde ir si lo dejaba. Y empecé a pensar en terminar con todo de golpe. Entonces llegó un jefe nuevo, una semana antes de presentar un informe de resultados. Cuando los compañeros comenzaron a criticar mi informe, como siempre hacían, él dijo que era el mejor informe sobre el tema que había visto nunca y me felicitó.

 

  1. Pensé que con el divorcio me sentiría totalmente libre, pero ha sido una libertad parcial. Tengo que seguir soportando las imposiciones de mi ex y trabajar mucho más, para llegar a fin de mes. Sin embargo, mi hijo me necesita hasta que sea independiente. Me levanto cada mañana por él.

 

  1. No lo hago porque tengo el convencimiento de que el espíritu no muere. Seguiría viendo y sintiendo igual, sin conseguir que me escuchen. Si no aprendo a superar estas dificultades puede que me toque vivir otras más graves.

 

  1. Mi familia se sentiría culpable, con un dolor irreparable, cuando yo solo quiero que me acepten como soy y tengan en cuenta mi opinión.

 

La OMS estima en 800.000 las vidas que se cobra anualmente el suicidio. El Instituto Nacional de Estadística mantiene al suicidio como la principal causa externa de muerte 3.569 fallecimientos. El Observatorio del suicidio en España publica un informe donde calcula que los suicidios son el doble de fallecimientos que los accidentes de tráfico y 80 veces más que por violencia de género.

La cuestión ahora es: ¿Cuáles serían las cifras de auto-asertividad, donde personas que lo pensaron no lo hicieron? ¿Ayudaría a otros conocerlas? ¿Podemos empezar a hablar a favor de la auto-asertividad?

Mercedes Matás-Castillo

¿QUÉ TE SALVÓ?

NECESITAMOS MODELOS POSITIVOS COMO TÚ. CUÉNTANOS.

ENTREVISTA A MIRIAM PÉREZ SEVA

MIRIAM PÉREZ SEVA, Enfermera de Cuidados Intensivos del HOSPITAL DONOSTIA. 24 años de profesión y madre desde hace 17. Trabaja en el turno de noche los últimos 6 años.

Entrevistamos a Miriam en materia de educación sobre la salud.

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Sobre Mercedes

 

 

MEDIADORA

PSICÓLOGA

 

ESPECIALISTA EN EDUCACIÓN

Licenciada en Derecho y Psicología. Premio extraordinario de Psicología 2006. Profesora en el Centro Universitario ISEN adscrito a la Universidad de Murcia y en Áula Sénior de la Universidad de Murcia.

Como psicóloga educativa es especialista en evaluación, diagnóstico y orientación a familias y centros educativos sobre Altas Capacidades, así como en el diseño de estrategias didácticas para la mejora del rendimiento académico, la cohesión del grupo y la educación en respeto e igualdad.

Psicóloga forense. Garantía de imparcialidad, objetividad y profundidad en la investigación psicológica del caso.

Como mediadora, forma parte del Punto Neutro de Promoción de la Mediación (PNPM) Murcia. Colabora en la Unidad de Mediación Intrajudicial de Murcia (UMIM) del Tribunal Superior de Justicia de Murcia, desde su inicio, en 2013, como especialista en mediación penal y formadora de mediadores profesionales.

Formadora en el Foro Europeo para la Justicia Restaurativa.

Mediación extrajudicial a nivel privado en colaboración con otros profesionales especializados (para casos de divorcio, intergeneracional, herencias, empresa familiar…).

Diseño y docencia en Cursos de mediación para Policía Local, Jueces de Paz y Administración local, Ministerio de Justicia, Centro de Estudios Jurídicos, Colegios Profesionales y Centros educativos.