CUENTO DE VERANO O EL GENIO QUE LLEVAMOS DENTRO

En realidad, desde la infancia, todo se reduce a la mayor o menor posibilidad de ser escuchados. ¿Permitimos a los niños que expresen sus dificultades o preocupaciones?¿Permitimos que desarrollen aquello con lo que disfrutan? ¿Observamos sus juegos para reconocer sus aptitudes? Y sobre todo, ¿estamos dispuestos a potenciar sus habilidades o las ignoramos o despreciamos, si no son acordes a nuestras expectativas?

La historia de refuerzos positivos o negativos al respecto va a ser importante a la hora de moldear la personalidad del niño. El temperamento y la predisposición a ciertas materias van a estar siempre presentes, pero el logro y el éxito de los niños en el futuro va a depender del entorno de aceptación o rechazo en el que se mueva su educación y cultura. Posiblemente millones de personas acaben sus días sin haber desarrollado los talentos que trajeron de herencia para aportar a los demás. O tal vez, podemos empezar a poner remedio a esta situación cambiando los principios del sistema de comunicación imperantes en nuestra sociedad.

Este cuento recoge una historia, en parte real y en parte imaginaria, pues ¿acaso puedes sentir la nieve en la cara en pleno verano? ¿O ver el futuro de un niño en el juego de hoy? Sin más preámbulos, juzguen ustedes, cuando caiga el telón.

CHARLIE, A ESCENA

ACTO PRIMERO

(Londres, 1896)

CHARLIE. ¿Estás lista, madre? ¿Sí? Recuerda, a mi señal. Eres la jefa. (Charlie arraspea y comienza a hablar, narrando la escena con voz lúgubre) La cavea queda a oscuras. El supuesto público enmudece (abre un imaginario telón, mientras sigue hablando). Las candilejas se encienden y un sonido de tormenta se escucha atronador por el foro (CHARLIE mueve todo su cuerpo imitando al viento y a la nieve en el supuesto escenario). ¡Fishhhhh! ¡Fishhhhhhh! ¡Fishhhhhhhhh! (Se agazapa en el rincón de una esquina sin dejar de hablar). Nuestro caballero siente el frío, pero no tiene miedo. Espera a que la tormenta amaine y atisba a sus captores, que pasan distraídos por su lado sin reparar en él. Durante la siguiente hora, nadie advertirá su ausencia. Se ocultará sigiloso y huirá, escurriéndose entre las huestes sin ser visto, como una sombra del pasado… Nuestro caballero ha logrado salir del castillo. La nieve le azota la cara. Aprieta su capa y confía en que la nevada oculte sus huellas de la vista de los centinelas. Con un extraño sonido de su garganta, ¡chuiic, chuiic!, llama a su caballo, Bohemio, que viene presto hacia su amo (CHARLIE hace ruido de cascos de caballo golpeando el suelo con los nudillos de la mano), y salen despavoridos, como alma que lleva el diablo, lejos de la prisión donde los habían confinado. ¿Qué aventura correrán hoy?… ¿Contra quién tendrán que luchar?… ¿Salvarán alguna ciudad en llamas?… Hoy, es solo uno el pensamiento de nuestro valeroso caballero: debe ir a otro castillo, más oscuro, más oculto, guardado por feroces criaturas y dragones implacables. (Ruge un momento, y luego pone su tono de voz natural) ¡Rápido, madre, haz ruido de fuego con los papeles!

(La madre mueve entre sus dedos las viejas bolas de papel arrugado que el chico le ha traído entre los gastados y descosidos bolsillos de su pantalón).

CHARLIE. Eso es, madre, más fuerte. (Pone de nuevo la voz melodramática). Hoy…, debe ir a ver a su dama, atrapada entre las garras de un hechicero malvado que la guarda entre rejas… Se apea de su caballo, saca su espada, corta las zarzas que le impiden el camino y trepa por las salvajes hiedras hasta la ventana de la más alta torre, donde vive su amor… Ella le está esperando y sonríe (CHARLIE camina hacia su madre)…, le abre la ventana y alarga sus brazos hacia él (CHARLIE hace gestos a la madre para que ésta se levante, y prosigue hablando)... Pero quiere su mala suerte que un enorme dragón lo vea y la llama lanzada por su boca lo alcanza en la capa, que se cubre de llamas. El caballero cae rodando al suelo, gira y gira envuelto en llamas. La dama llora y apaga con sus lágrimas los restos de fuego de la ropa de su amado. Y cuando cree que ha muerto, un hada buena lo toca con su varita y lo convierte en un mimo mágico que vuela hasta ella y se queda para siempre, para hacerla reír con sus travesuras… (CHARLIE se pone un bombín, un bigote y un bastón sin dejar de hablar) Y ahora, querido público, ¡vean y admiren al más grande mimo del mundo! ¡Vamos, madre, la clá!

(La madre aplaude y sonríe feliz. CHARLIE hace una reverencia. Por la puerta de la fría habitación entra una enfermera con cara de asombro).

ENFERMERA LASHLEY: ¡Por todos los demonios! ¿Cómo has entrado tú aquí, diablillo?

MADRE. Es Charlie, mi hijo.

ENFERMERA LASHLEY: Eso no importa. Las visitas al asilo no son hoy. Tu madre está enferma, chico, necesita reposo.

MADRE. Por favor, enfermera Lashley, tiene ocho años. Se ha escapado del orfanato para hacerme una representación; mire el atrezo, en aquella silla hemos colgado las bambali… (La mirada de la madre escruta el vacío; CHARLIE se ha ido).

 

*****

 ACTO SEGUNDO

(Seis años después. La ciudad de Londres prepara la obra teatral Sherlock Holmes, escrita por William Gillete y protagonizada por Harry Arthur Saintsbury. El escenario del music-hall donde se ensaya recibe al siguiente aspirante para el papel de Billy).

DIRECTOR. ¿Cómo te llamas, chico?

CHARLIE. Charlie.

DIRECTOR. El nombre completo, hijo.

CHARLIE. Chaplin, Charles Chaplin.

Publicado en educación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

dieciocho − 6 =